En la ceremonia de apertura de la XVI Conferencia Internacional sobre el SIDA, que se celebra del 13 al 18 del presente mes de agosto en Toronto, Canadá, Bill y Melinda Gates dijeron que el mensaje de la iglesia católica (no uso de condones) es un serio obstáculo para terminar con el sida. “En la lucha contra el sida, los condones salvan vidas”, añadió la esposa de Bill Gates ante la mirada atenta de su marido.
Tales declaraciones me recuerdan un chiste un tanto irreverente sobre los Diez Mandamientos, en el que aparece Moisés en la cima del Monte Sinaí hablando con Dios sobre los resultados de una encuesta. Moisés le dice a Dios: “El noventa por ciento aprueba el que prohíbe matar; el setenta y ocho por ciento, el que proscribe el robo; pero no lograrás imponer el del adulterio: sólo cuenta con una tasa de aprobación del quince por ciento”. El mensaje que pretende dejarnos este chiste es que cuando se trata de asuntos de amor, sexo y de darle gusto al cuerpo, los humanos somos proclives a no acatar preceptos, leyes o normas, ya sean éstos de origen divino o humano.
La información sobre el tema de esta gran tragedia del siglo XX llamada SIDA, sugiere que esta terrible enfermedad, al igual que otras tantas, no es más que el producto de nuestra propia miseria humana, por lo que enfocar el problema sólo desde la perspectiva de condones y curas resulta ser un enfoque muy simplista de un fenómeno muy complejo.
Desde su descubrimiento hace 25 años, el VHI - SIDA ha cobrado la vida de más de 25 millones de personas en todo el mundo, siendo los más afectados los niños y los jóvenes. Se estima que en el año 2005 el número de personas que viven con el VIH en todo el mundo ha alcanzado el nivel más elevado: 40,3 millones. Según estadísticas de la OMS y del Onusida, de los 40 millones de personas viven hoy con VIH, el 95 por ciento de ellos viven en países en desarrollo, y tres cuartas partes de ellos, es decir 29 millones, residen en África subsahariana. La situación de los países 21 países que constituyen esta tristemente célebre región africana es aterradora: países cuyo porcentaje de habitantes bajo el nivel de pobreza supera el 70%; cuatro países cuya expectativa de vida al nacer oscila entre los 30 y 40 años, 11 países en el rango de los 41 a los 50 años, 5 países en el rango de los 51 a los 60 años y sólo uno de ellos (Cabo Verde) con una expectativa de vida al nacer de 70.14 años. Si repasamos un poco la idiosincrasia y historia de estos países, podríamos concluir que si la epidemia ha adquirido grandes proporciones en el África subsahariana es porque ha encontrado en estos países condiciones favorables para ello: alto nivel de desocupación, guerras civiles, desplazamientos de refugiados, concentraciones de pobreza urbana, desarrollo de la prostitución, una gran desigualdad entre el hombre y la mujer, etc.
Aunque en menor grado, tales condiciones, a las que se agrega la drogadicción, también ya las estamos viviendo en nuestro país y en su entorno geográfico. En la actualidad nuestro país ocupa el tercer lugar en casos de VHI – SIDA en Centroamérica; mientras que las defunciones por SIDA se encuentran el séptimo lugar según las principales causas de muertes. Hasta septiembre de 2005 se habían contabilizado un total acumulado de 7,111 casos de SIDA en todo el país con tendencia al ascenso y concentrándose en los grandes conglomerados urbanos: la Provincia de Colón (44.1%), la Región Metropolitana (33.8%), el Distrito de San Miguelito (23.7%) y Panamá Oeste (16.1%), según cifras del año de 2004; las mayores frecuencias de casos se registran entre las edades de 25-29 (13.3%), 30-34 (19.2%), 35-39 (16.5%) y 40-44 (13.2%).
Los gobernantes, los políticos y los empresarios deberían procurar el establecimiento de planes y estrategias para una mejor distribución de la riqueza entre los más necesitados; de proveer a la población de más y mejor educación, salud, trabajo y calidad de vida. De no lograrlo estaremos condenados a seguir padeciendo de este terrible flagelo.
«El desarrollo humano significa crear un entorno en el que las personas puedan hacer plenamente realidad sus posibilidades y vivir en forma productiva y creadora de acuerdo con sus necesidades e intereses (…) Las capacidades esenciales para el desarrollo humano son vivir una vida larga y sana, adquirir conocimientos, tener acceso a los recursos necesarios para alcanzar un nivel de vida decoroso y poder participar en la vida de la comunidad. Sin ellas, sencillamente no se dispone de muchas opciones ni se llega a tener acceso a muchas oportunidades que brinda la vida.» (PNUD, 2001).
Víctor Barragán
altorgan@gmail.com
http://www.aids2006.org/es/
http://data.unaids.org/pub/Report/2006/2006_country_progress_report_panama_es.pdf