Gasolinas subirán 5 pesos promedio, Santiago, Chile…
El alto precio de la gasolina llega a África Occidental…
Precios combustibles logran nivel récord, República Dominicana…
El barril de petróleo sube a precio record, El Salvador, C. A….
Gasolina alcanza precio récord, Panamá…
En todos estos países se escucha la misma letra de la misma canción, pero con diferente música de fondo. Sin embargo, en algunos de estos países se han implementado políticas y programas para mitigar estas desmedidas alzas cuyo impacto económico no sólo afecta la economía de los sectores productivos del país, sino que también la de sus ciudadanos, en particular la de los más necesitados ya que irremediablemente afecta el costo de la canasta básica y de los servicios públicos: transporte, electricidad, comunicaciones y agua.
Para un reducido número de panameños y de extranjeros residentes en nuestro país pudiera ser sinónimo de optimismo y de alegría el impresionante desarrollo de la actividad inmobiliaria, la danza de millones de balboas que han ingresado en los últimos días a las arcas nacionales y de los miles de millones de balboas que se espera nos traerán las obras de la expansión del Canal, así como el hecho de ser Panamá uno de los países latinoamericanos con un envidiable crecimiento de 6.5% en el PIB en el año 2006, que lo coloca en un privilegiado cuarto lugar entre los países de la región. Sin embargo, para la mayoría de la población esto no es más que una imagen que se hace añicos en el espejo de la vida real y que en nada le ayuda a resolver las necesidades del día a día, que cada vez se hace una carga más pesada y difícil de soportar.
El desempleo, la pobreza, la desigualdad, la inseguridad económica familiar, la corrupción y la impunidad son causales de desasosiego, desesperanza y violencia: suicidios, asesinatos, consumo y tráfico de drogas, prostitución, robos, etc.
En tiempos no muy lejanos, la idea del bien común – sinónimo de paz social - era el pensamiento central sobre el cual descansaban los valores éticos y morales de los ciudadanos y que a la vez establecía las pautas y las normas que regían el comportamiento ético, legal, político y económico de los gobernantes para con los gobernados. En democracia la idea del bien común debió haberse fortalecido, pero la poca participación ciudadana ha hecho posible que lo común sea que políticos corruptos e inescrupulosos aprueben leyes amañadas que legalicen que el bien común sea para el beneficio de unos pocos.
La percepción del ciudadano común, que se escucha en la calle, en los programas y secciones de opinión de los medios de comunicación, es que el gobierno actual no aparenta hacer nada para mitigar esta vorágine al parecer incontrolable, y, lo que es más desesperanzador, ni siquiera pretende guardar las apariencias de que algo está haciendo al respecto.
Víctor Barragán (altorgan@gmail.com)