Es común en estos días escuchar o leer a distintos personajes hablando de la tolerancia. Pero, ¿qué es la Tolerancia? La Real Academia Española de la lengua lo define como: “Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente”. Así entendido, no creo que se pueda hablar de que nuestra sociedad panameña no es tolerante.
Recientemente, una columnista expresó en un diario local que los panameños somos homofóbicos. A raíz del tema del Ordinariato Castrense otro columnista mencionó que deberíamos ser tolerantes con todas las religiones y no permitir exclusividades a una religión particular en un estamento del Estado. Estos son solo algunos ejemplos que vemos a diario sobre como se ha mal utilizado (y no mal entendido) la palabra Tolerar.
Sin embargo, no es mi intención dar clases del lenguaje español. Mi intención es que personas que defienden a ultranza su derecho a que se les tolere reconozcan que nuestra sociedad panameña les tolera más de lo que ellos admiten y que ellos deben de igual manera aprender a ser respetuosos y tolerantes con los demás.
Quién dijo que no se tolera a los gays? Realizan desfiles públicos, tienen discotecas exclusivas, tienen organizaciones con personería jurídica, inclusive dictan clases a nuestros hijos, cosa que en otras latitudes no sería permitido. Casi todo el mundo les contrata, ya sea como estilistas, coreógrafos, decoradores u otra profesión que ejerzan.
Quién dijo que no se tolera a los extranjeros? Nuestro pequeño país está lleno de ellos. Les recibimos con los brazos abiertos como inversionistas o turistas, inclusive muchos de ellos son familiares nuestros. Nuestra tolerancia ha llegado a tal extremo que permitimos que muchos de ellos vengan a trabajar a nuestro país, aunque lo hagan de manera ilegal y sean una competencia directa para nosotros mismos, atentando contra el pan de nuestros hijos.
Quién dijo que no se tolera a otras religiones que no sea la católica? existen docenas de cultos difundidos por todo el país, tienen colegios donde además de las materias regulares inculcan sus creencias a todos los alumnos por igual, aunque sean católicos; tienen programas televisivos y radiales y se les tolera tanto que hasta los recibimos en nuestros hogares donde muchos de sus miembros atacan sin recato nuestra religión. Inclusive les permitimos que tengan negocios comunes y corrientes donde no contratan a personas que no pertenezcan a su fé (cosa que me parece muy peligrosa, pero que será tema de otro artículo).
Tener tolerancia, no implica obligación a aceptar preceptos o creencias. Más del 85% de los panameños somos católicos y la mayoría de los panameños somos heterosexuales. Si en conjunto como sociedad y a través del tiempo hemos modelado las bases de nuestros valores humanos o cómo debemos actuar ante determinadas circunstancias, esto no puede ni debe interpretarse como intolerancia por grupos o personas que adversen estos criterios.
Creo que la gran mayoría de los panameños repudiamos y condenamos la intolerancia, venga de donde venga, pero también tenemos derecho a que se nos respeten nuestras creencias.
Tolerar no es sinónimo de aprobar, y de hecho, aunque no aprobamos muchos de los comportamientos defendidos por algunas personas, en Panamá la mayoría de las personas sabemos convivir y permitir a los demás que vivan con sus creencias y comportamientos, siempre y cuando también ellos manifiesten el mismo nivel de respeto por nosotros.