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Panamá,
Paraíso Inigualable

Vista
panorámica de la Ciudad de Panamá.
Divertida, cordial,
amistosa, antigua, colonial, moderna, tentadora y con bellos
escenarios tropicales y selvas milenarias; atrayente en su música
folklórica e internacional, y sensacional en sus casinos,
la ciudad de Panamá no sólo abrió sus entrañas
para que surquen de un océano al otro, por el Canal de
Panamá, miles de cruceros turísticos y barcos mercantes
del mundo entero, sino que dispensa a todos los que llegan por
aire, mar o tierra la bienvenida de un pueblo que ha adquirido
la conciencia de amigo, debido a su excepcional situación
geográfica, ya que sus suelos guardan huellas de transeúntes
y visitantes desde centenares de años antes que Cristóbal
Colón nos llamara "indios", y que, por Américo
Vespucio, se nos denominara "americanos".
Debido
a estos continuos desplazamientos, la actitud del panameño,
que es esencia del crisol de razas, es reconfortante y hace placentera
la oferta turística, que actualmente está siendo
desarrollada con meritorio impulso para alcanzar la perfección.
Hay
excelentes y confortables hoteles. Las agencias de viajes y de
transporte reconocidas legalmente operan con agilidad y responsabilidad,
y las giras se llevan a cabo contando con guías bilingües
muy capacitados, tanto cuando se trata de ofrecer una visita
regular a la ciudad o a algún sitio que precisa de conocimientos
especializados en Ecoturismo, actividades culturales, acuáticas,
etc. La pesca y la hípica en Panamá son famosísimas,
así como el boxeo y otros deportes.
La
Ciudad de Panamá
La
cosmopolita ciudad de Panamá mantiene en suspenso al visitante
con el maravilloso contraste de su presente y su pasado.
Panamá
La Vieja (1519-1671)

Las
Ruinas de Panamá La Vieja.
La
primera ciudad del litoral Pacífico del nuevo continente
fue fundada por Pedro Arias de Avila para servir de capital a
Castilla de Oro. Al destruir los piratas esta rica e importante
ciudad se ordenó su traslado a una pequeña península
a cinco millas de distancia del antiguo emplazamiento. En Panamá
La Vieja quedan ruinas muy interesantes de esa época de
hierro y fuego.
El
Casco Viejo (1673)
En
lo que hoy es el casco de la ciudad colonial, que se inicia en
la Plaza de Francia, aún pueden verse los restos de las
sólidas murallas, minúsculas fortalezas, en las
que otrora vigilaban los centinelas. Allí se alza también
el monumento en honor a los ingenieros franceses, iniciadores
en la construcción del Canal Interocéanico. Ese
monumento fue inaugurado el 4 de diciembre de 1923, siendo su
constructor, el ingeniero Leonardo de Villanueva Meyer. Los bajos
relieves en bronce son del escultor francés Nicalusse.
Y en las doce lápidas de mármol que allí
se encuentran, Octavio Méndez Pereira, en admirable síntesis,
nos narra la historia del Canal.
Ayer,
como hoy, la imponente Catedral Metropolitana, frente a la Plaza
de la Independencia, domina el área en que se yerguen,
unas en uso, otras en ruinas, maravillosas construcciones de
la época colonial.
Ciento
ocho años se invirtieron en la construcción de
calicanto de la Catedral, consagrada en 1798. Sus torres adornadas
con madreperlas, fulguran al ser besadas por el sol, como si
la fe del pueblo panameño, predominantemente católico,
se transformara en destellos nacarados mientras, en la oquedad
de sus campanarios, tres de las campanas que desde lo alto de
la Catedral de Panamá La Vieja fueron ayer testigos del
esplendor, la gloria y la destrucción de la antigua ciudad,
siguen vibrando hoy con los sus bronces seculares.

El
Altar de Oro se encuentra en la Iglesia de San José y
data de 1671.
También
frente a la plaza, está el histórico Palacio Municipal,
donde se firmó el 3 de noviembre de 1903, el Acta de la
Independencia. En 1909 fue reconstruído y es de admirarse
la linda escultura ejecutada por el italiano Enrico Biaga, de
Milán, y un hermoso óleo del panameño Ivaldi,
que representa el acto de bendición de la primera bandera
panameña, en diciembre de 1903. En una avenida lateral,
cercana a la plaza, se levanta la Iglesia de San José,
que data de 1671. Allí se encuentra el famoso Altar de
Oro, de estilo barroco, que decoraba el templo de los religiosos
Agustinos en Panamá La Vieja y que fue salvado de la codicia
de los piratas cubriéndose con albayalda. En la misma
avenida, desafía a los siglos el famoso Arco Chato, de
50 pies de largo por 35 de alto, maravilla de ingeniería
que fue sostén del desaparecido coro del Convento de la
Orden de los Dominicos. Se dice que la decisión final
de construir el Canal por Panamá se debe al Arco Chato,
prueba inequívoca de que Panamá, además
de su pisición geográfica ofrece la ventaja de
no sufrir de temidos terremotos. Al lado se encuentra el Museo
de Arte Religioso Colonial.
Palacio
Presidencial

La
Presidencia de la República de Panamá es la residencia
oficial del Presidente de la República, y es también
llamado "El Palacio de las Garzas".
También
en el Palacio Presidencial, con su patio morisco, en torno a
cuya fuente deambulan majestuosas las blancas y altivas garzas,
pueden admirarse bellos murales de Roberto Lewis. El Palacio
de las Garzas se construyó en la nueva ciudad de Panamá
en 1673, siendo reconstruído en 1921. Es la residencia
y oficina del Presidente de la República.
Las
Playas Panameñas, Adoradoras del Sol

En
Panamá se puede disfrutar de bellas playas tanto en el
Atlántico como en el Pacífico.
Es
una realidad que en América el sol se levanta por el Océano
Atlántico y se oculta por el Pacífico. Pero en
Panamá es diferente; aquí tenemos el amanecer por
el Pacífico y el ocaso por el Mar Caribe, con un sol tonificante
que se refleja en las arenas de nuestras playas doce horas diarias
y más, durante todo el año.
Con
cualquier bronceador, basta un par de horas al sol de Panamá
para adquirir ese tono canela que distingue a las personas que
le hacen honor a nuestras playas. Elija la que prefiera: tranquila
o concurrida, acondicionada o en estado natural, de arenas blancas,
amarillas o grises; grande o pequeña; absolutamente desierta
o con un pueblo cercano; de aguas agitadas o tranquilas; profundas
o no; con mareas o sin ellas. En todas tendrá muy cerca
el sol, detrás un cinturón de cocoteros y al frente
un mar lleno de vida tropical. Tenemos decenas de kilómetros
de playas repartidas en dos costas diferentes con las características
del mar. En el Caribe panameño las playas son pequeñas
o medianas y todas tienen arrecifes coralinos cercanos; siempre
están próximas a la desembocadura de un río
y casi todas han sido formadas por acumulaciones de coral. También
resultan un paraíso para el coleccionista de conchas y
caracoles multicolores, corales y estrellas de mar.
Hay
turiscentros en playas muy concurridas a escasos quince minutos
de la ciudad de Panamá y otros un poco más distantes,
pero en ninguno de ellos se confrontan problemas de espacio.
Venga
en cualquier época del año, ya que nuestras playas
le encantarán. Pasee por ellas; tiéndase bajo los
rayos de nuestro sol tropical, recoja corales, conchas, caracoles
y piedrecitas de colores; acompañe su licor con agua de
coco; déjese acariciar por las aguas del Pacífico
o del Caribe; deléitese con nuestras frutas tropicales,
dibuje nuestros encantadores paisajes costeños o lléveselos
en una fotografía.
Disfrute
de nuestras playas y le aseguramos que volverá...
El
Archipiélago de San Blas

El
Archipiélago de San Blas está habitado por los
indios Kunas.
Ofrece
a los visitantes la oportunidad de volver atrás en el
tiempo. Conociendo San Blas, se tiene la rara experiencia de
llegar a un mundo que es virtualmente como era en la época
de Cristóbal Colón.
San
Blas es un archipiélago formado por 365 islas, tierra
habitada por indios Kunas, quienes han mantenido su forma de
vida simple y comunal por siglos.
Los
indios Kunas son famosos por sus molas, que son piezas de tela
con las que las mujeres confeccionan sus blusas. Las mujeres
kunas se atavían con estas blusas multicolores, hechas
de aplicaciones cosidas a mano y de diseños creados por
los mismos indios, lo cual las hace muy populosas con los turistas,
por sus vivos e interesantes motivos. Las molas frecuentemente
describen eventos de la vida kuna, de la vida salvaje de los
alrededores o imágenes de libros y revistas que dejan
los visitantes a su paso.
Kuna
Yala, como se le conoce políticamente a este hermoso territorio,
es fácilmente accesible mediante vuelo de media hora que
sale diariamente desde el aeropuerto de Paitilla en la Ciudad
de Panamá. Muchos cruceros incluyen en su itinerario una
parada en San Blas para visitar las islas.
Además,
los amistosos habitantes de las islas pueden ser observados por
los visitantes quienes pueden utilizar el día en actividades,
tales como, paseos en cayucos, recorridos por las islas bordeadas
de palmeras, regateando con los indígenas los precios
de las molas, relajándose en la playa o buceando. Los
arrecifes que bordean San Blas son particularmente dignos de
atención, porque gran cantidad de ellos son los últimos
en el mundo que conservan su vida marina original. Esto ha impulsado
al Instituto Smithsonian a establecer facilidades en San Blas
para realizar estudios en el sitio.

San
Blas ofrece a sus visitantes hermosos paisajes, donde el tiempo
parece haberse detenido.
Los
indios kunas habitan solamente 51 de las islas del archipiélago,
pero las otras, aunque están deshabitadas, tienen un cuidador
para vigilar las plantaciones de coco. Ninguna de las islas tiene
dueño, pero las plantas de coco, uno de los principales
recursos para la subsistencia kuna, tienen propietarios. Cada
una de las islas habitadas tiene su propio jefe o "saila",
quienes solucionan cualquier diferencia que pueda surgir entre
los pobladores.
Entre
ellos eligen un intendente, quien actúa como gobernador
y es el contacto entre el gobierno panameño y la tribu.
El intendente tiene una oficina y residencia en la isla Porvenir,
donde está la única pista de aterrizaje.
Las
comidas nativas son langostas frescas y pescado de los alrededores,
yuca, arroz y frijoles. Para conservar el estilo de vida natural
de las ilsas, el hotel es rústico, con el mobiliario básico
y sanitario interior. Para los que disfrutan de lo rústico
está el hotel San Blas en la isla Nalunega, con chozas
techadas, hamacas, como les gusta a los kunas.
Las
Provincias Centrales

La
campiña panameña es rica en tradiciones...
Las
provincias centrales de Panamá, que abarcan alrededor
de 2,240 hectáreas de suaves colinas y llanuras, se encuentran
en una ancha faja costera frente al océano Pacífico,
al occidente de la Ciudad de Panamá.
A
través de la carretera Panamericana, que une las cabeceras
de provincias con las principales poblaciones, la capital del
país se encuentra a 324 kilómetros del punto más
distante de este vasto territorio, y a 117 kilómetros
del más cercano. Asimismo, la red de carreteras del interior
conecta aeropuertos, campos de cultivo, granjas ganaderas, puertos,
salinas, criaderos de camarones, playas y centros turísticos.
En
el interior se han difundido por siglos las ideas religiosas
católicas, y el campesino las expresa en matrimonios típicos,
en fiestas patronales y en las procesiones, con gran reverencia.
Este es un mundo donde se representa en vivo la pasión
y la muerte de Jesucristo durante la Semana Santa, peregrinaciones
y "mandas" inconcebibles, y regalos y ofrendas muy
especiales al santo tutelar. Hay iglesias donde se han mezclado
la herencia hispánica con la mitología local en
la decoración interior y en los retablos, pero todas invariablemente
están ubicadas frente a la plaza principal del pueblo
como resultado de una tradición española.
Las
Artesanías
Los
artesanos heredaron su sabiduría y talento de los indios,
y han alcanzado un desarrollo notable hasta convertir toda la
región en el centro artesanal del país. Es la tierra
del sombrero de paja de variados diseños y colores; de
las vasijas de barro cocido de múltiples usos, diseños
y tamaños; de las tallas en madera; de los objetos de
cuero repujado; de las cestas y artículos de fibra vegetal
de variados usos, diseños y colores... Y de la confección
del traje nacional, la pollera, con sus prendas y su ropa interior.
Hay varios tipos de polleras de acuerdo con la tradición
de cada pueblo, y las prendas de oro que las acompañan,
con incrustaciones de piedras preciosas, corales y perlas, está
ligada a la tradición popular y religiosa. Normalmente,
su valor es de aproximadamente veinte mil balboas. Hay centros
y mercados artesanales donde es posible apreciar la elaboración
de muchos de estos objetos de arte, así como un sitio
arqueológico al aire libre: El Caño de Natá. |












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La
antigua Ciudad de Panamá (primera en el litoral pacífico)
fue fundada por Pedrarias Dávila el 15 de agosto de 1519.
Fue destruída en 1671 por el pirata Henry Morgan.
De
la ciudad colonial (conocida como el "Casco Viejo")
nos queda La Plaza de Francia, donde aún pueden verse
las murallas que protegían la ciudad; la imponente Catedral
Metropolitana, consagrada en 1798 y ubicada frente a la Plaza
de la Independencia; la Iglesia de San José, que data
de 1671 y en donde se encuentra el Altar de Oro; el "Arco
Chato" y el histórico Palacio Municipal donde se
firmara el Acta de Independencia en noviembre de 1903.
Nuestro
país ha sido dotado de gran cantidad de playas. Tenemos
playas en El Caribe (como las de San Blas o Bocas del Toro) y
playas en el litoral pacífico.
El
Archipiélago de San Blas es famoso no solo por sus habitantes,
los indios kunas, sino por la belleza de sus playas de aguas
cristalinas.
Una
vez en Panamá resulta obligatoria una visita a nuestra
campiña, pues es allí donde se pueden apreciar
las más auténticas y bellas tradiciones de nuestro
país.
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