POR: REDACCION SIETE!(rosalina.orocu@epasa.com) FOTO: CORTESIA |
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No me sorprende que digan que las mujeres tenemos un sexto sentido -modestia ¡hazte a un lado!- ni que tengamos habilidades especiales y uno que otro truco oportuno; pero la habilidad de convertirnos en invisibles se la debemos a los hombres. |
¿Soñaste con ser invisible alguna vez? Párate frente a la televisión en medio de un partido de fútbol y verás cómo desapareces en un dos por tres. No me sorprende que digan que las mujeres tenemos un sexto sentido -modestia ¡hazte a un lado!- ni que tengamos habilidades especiales y uno que otro truco oportuno; pero la habilidad de convertirnos en invisibles se la debemos a los hombres. De no ser por ellos, no tendríamos este súper poder en nuestro repertorio. ¿Quieres saber si posees el poder de desaparecer? Habla de todo lo que compraste en el baratillo, en medio de un partido de fútbol y verás cómo te vuelves del color del aire y emites el mismo sonido que esa fuerza natural. Me parece algo cliché discutir sobre el tema (aunque a mí misma me hayan hecho "desaparecer"), pero no deja de ser divertido ver cómo algunas mujeres hacen lo imposible por cambiar ese designio del destino, de que hombre y televisión se atraigan mutuamente. Mi pobre hermana probó con una interrogante, supuestamente seria: "Pedro ¿será que alguna vez me voy de aquí sin tener que escuchar el sonido de las gradas?". Difícilmente. Se casó con quien ostenta en mi récord mental el título de poseer el radar más agudo para detectar el "click" de una televisión. La oye encenderse de lejos, se acerca y cuando menos lo esperas está sentado -control remoto en mano-. Mi hermana ve las cosas con humor y supone que es recibida con "aplausos y ovaciones" cada vez que entra a su habitación; aunque las voces sean de un partido de béisbol en Nueva York, de la hinchada de un estadio madrileño o de un partido de ping pong en China. Hace poco escuché una frase desde mi escritorio. Era algo así como "¡Ay! Pusieron un televisor, ahora sí que no voy a trabajar" Triste el final, aquel caballero ha tenido que trabajar, con el dolor de ver de lejos la televisión; la mira como un sueño que se aleja. No acepto un "¿Y ellas ven novelas?". Pregunto yo ¿Y las que no? ¿Será que podemos exigir que no nos vuelvan invisibles? No juzgo a quienes ven novelas -hombres o mujeres- ni su gusto por ver a buenas y villanas darse cachetadas por una hora, pero yo paso. Yo, como el
Chavo del 8, veo las cosas "por el lado amable". Al
fin y al cabo todas quisimos ser invisibles en algún momento
de nuestras vidas ¿no?; que no se diga que no tuvimos
ese gusto. |
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