POR: ANNETTE HINESTROZA (annette.hinestroza@epasa.com) FOTO: PHOTOSTOGO.COM |
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Por más que me esfuerce, no recuerdo haber visto a alguna persona avergonzada por comprar un par de zapatos, tampoco creo haber visto a alguien sonrojarse mientras compra un "tonner" de impresora y en la cara de quienes compran joyas puedes encontrar cualquier cosa menos un asomo de rubor. De existir una categoría para ese tipo de compras, sería la de "compras sin sentimiento de culpa", pero no todas las veces que nos acercamos a la caja, a pagar algún artículo, podemos presumir de nuestra seguridad. Sobre todo, si estás en la fila de la farmacia. Es que no es fácil ver que al lado tuyo alguien pide curitas y tu debes pedir un champú para piojos, un brebaje estomacal -que delata cuán urgente es tu condición- o cualquier otro remedio (aparato, producto, dispositivo, etc.) cuyo uso esté reservado de la cintura para abajo. La situación se vuelve una pesadilla cuando no sabes el nombre del medicamento y la dependiente pregunta, sin más ni más, para qué lo necesitas. La respuesta siempre comienza con un "Bueno...Lo que pasa es que yo..." y la voz comienza a bajar un par de octavas, para que los demás no escuchen. No todo pasa en la farmacia, en el departamento de lencería también hay quienes pasan vergüenza. Recuerdo que cuando salía de compras con una amiga, siempre me rogaba para que yo pagara su ropa interior atrevida; ella era lo suficientemente audaz para usarla, pero no para acercarse a la caja con esa minúscula mercancía. Si las piezas son muy grandes, también da algo de vergüenza. Hace bastante tiempo, compraba una faja para usar un vestido y mi operación habría sido exitosa y discreta si una señora no me hubiera preguntado, con voz bastante sonora, que dónde estaban esas fajas. No sé por qué nos da tanta vergüenza la opinión de la persona de al lado en la fila; si al fin y al cabo no está pagando por lo que llevamos en las manos y hay mínimas posibilidades de volvernos a ver después de ese día. Posiblemente, es porque hemos estado del otro lado; hemos estado en la fila comprando aspirinas y mirando detenidamente a la chica que lleva una prueba de embarazo en la mano, tratando de hacer un diagnóstico previo con los ojos. Bueno, no hay por qué quejarse cuando el motivo de escrutinio somos nosotros.
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