Las personas con un trastorno de la personalidad son más bien rígidas, les resulta difícil adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Su pensamiento y comportamiento se hacen evidentes y tienden a durar toda la vida. No son conscientes de que sus actitudes inusuales son inapropiadas y causan dificultades en los demás.
revista.siete@epasa.com


POR: DRA. GERALDINE EMILIANI
FOTO: CORTESIA


PSICOLOGIA
Trastornos De La Personalidad

 sumario


El apoyo es eficiente cuando intervienen otros pacientes o un psicoterapeuta. No sienten la necesidad de tratamiento psicológico ni psiquiátrico.

En su diario vivir, usted tiene contacto con personas que manifiestan conflictos, hostilidades, aislamiento, conductas agresivas, o, son extremadamente extravertidas o introvertidas.
Permítame decirle que quizás estas características sean una señal de un trastorno de la personalidad. No se alarme. Para ello, trataré de explicar de qué se trata este desorden, sus consecuencias y lo que hay que hacer. Veamos:
Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación debido a una desadaptación, en una variedad de situaciones. Dicho de otro modo, toda persona tiende a enfrentarse a las situaciones de estrés con un estilo individual repetitivo.
Las personas con un trastorno de la personalidad son más bien rígidas, les resulta difícil adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Su pensamiento y comportamiento se hacen evidentes y tienden a durar toda la vida. No son conscientes de que sus actitudes inusuales son inapropiadas y causan dificultades en los demás. Cuando buscan ayuda por sí mismos, a causa de sus frustraciones, tienden a creer que sus problemas son causados por terceros o por una situación confusa y dolorosa.

Tipología
Un trastorno de la personalidad incluye los siguientes tipos:
Personalidad paranoide: son hostiles y conflictivos ante actos triviales e inocentes y reaccionan con suspicacia que los conducen a conductas agresivas. Intentan acciones legales contra otros si se sienten indignados. Son sumamente eficientes.
Personalidad esquizoide: son intravertidos, y solitarios, emocionalmente fríos y socialmente distantes. Están absortos en sus propios pensamientos y sentimientos y son temerosos al intimar con otras personas. Hablan poco y la fantasía es un modo frecuente de enfrentarse con la realidad.
Personalidad esquizotípica: bastante parecida a la esquizoide. Muestran signos de pensamiento mágico. Por ejemplo, creen que van a tener realmente mala suerte si pasan por debajo de una escalera. Pueden tener ideas paranoides.
Personalidad histriónica: buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente. Son bastantes expresivos y establecen relaciones con facilidad, pero de un modo superficial. Son bastante emotivos. Las emociones son exageradas, infantiles e ideadas para provocar la simpatía o la atención (con frecuencia erótica o sexual) de los otros. En otras palabras, tienden a sexualizar las relaciones no sexuales. Con su comportamiento seductor a menudo encubren su deseo de dependencia y de protección. Exageran sus problemas físicos para conseguir la atención que necesitan.
Personalidad narcisista: tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia. Son sensibles al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se les enfrenta al fracaso pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos. Como creen que son superiores en las relaciones con los demás, esperan ser admirados y, con frecuencia sospechan que los envidian. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y, por ello, explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. Su conducta es a menudo ofensiva para otros, que los encuentran egocentristas, arrogantes o mezquinos.
Personalidad antisocial: muestran desprecio insensible por los derechos y los sentimientos de los demás. Explotan a otros para obtener beneficio material o gratificación personal. Expresan sus conflictos de forma impulsiva e irresponsablemente. No toleran la frustración y, en ocasiones, son hostiles o violentos. No sienten remordimientos o culpabilidad por sus actitudes antisociales. Por el contrario, culpan a los demás de su desgracia. Sus relaciones están llenas de deshonestidades y de engaños. La frustración y el castigo raramente les ocasionan la modificación de sus conductas. Son propensos al alcoholismo, a las drogas, desviaciones sexuales, a la promiscuidad y a ser encarcelados. Tiene predisposición a fracasar en sus trabajos y a trasladarse de un sitio a otro. Su historia familiar es de comportamiento antisocial, abuso de sustancias, divorcio y abusos físicos. En su niñez fueron descuidados emocionalmente. Esta situación tiende a disminuir con la edad.
Personalidad límite: esta personalidad mayormente recae en las mujeres. Son inestables en la percepción de su propia imagen, de su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales que a menudo son tormentosas e intensas. Esta situación disminuye con la edad. Se sienten vacías, furiosas y merecedoras de cuidados. La falta de una imagen paterna adecuada es una de sus causas primordiales. Sin embargo, si se sienten cuidadas, se muestran solitarias y desvalidas buscando ayuda por su depresión, por su abuso de drogas, alteraciones del apetito y por el maltrato en el pasado. Cambian drásticamente, del amor al odio, del negro al blanco, pero nunca a una posición neutra. Si se sienten abandonadas y solas pueden llegar a preguntarse si realmente existen. A veces pierden de tal modo el contacto con la realidad que tienen episodios breves de pensamiento psicótico, paranoide y alucinaciones. Tienden a visitar al médico por crisis repetitivas, pero no cumplen con las recomendaciones del tratamiento. Más bien su relación con su médico tratante se debe a que buscan incesantemente a alguien que cuide de ellas.
Personalidad evitadora: son hipersensibles al rechazo y temen comenzar relaciones por la posibilidad de rechazo o de decepción. Tienen un fuerte deseo de recibir afecto y de ser aceptados. Sufren por su aislamiento y falta de habilidad para relacionarse cómodamente con los otros. Se presentan tímidos y retraídos. Este trastorno es similar a la fobia social. Personalidad dependiente: transfieren las decisiones importantes y sus responsabilidades a otros. No tienen confianza en sí mismos y son muy inseguros. A menudo se quejan de que no saben qué hacer o cómo hacerlo. Son reacios a expresar opiniones, aunque las tengan, porque temen ofender a la gente que necesitan de ellos. Algunos adultos con enfermedades prolongadas desarrollan este tipo de personalidad.
Personalidad obsesivo-compulsiva: toman sus responsabilidades con tanta seriedad que no toleran los errores y presentan atención a los detalles que no pueden llegar a culminar. Esto les crea ansiedad y no encuentran satisfacción con sus logros. Estas personas son frecuentemente grandes personajes, en especial en las ciencias y otros campos intelectuales en donde el orden y la atención a los detalles son fundamentales.
Personalidad pasiva-agresiva: Son bastantes negativos y tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros. Su comportamiento es con frecuencia expresado como demora, ineficiencia y malhumor. Aceptan tareas que en realidad no desean hacer y luego proceden a minar sutilmente la finalización de esas tareas.

Diagnóstico y tratamiento
Se basa en cómo el sujeto expresa los tipos de comportamientos o pensamientos desadaptados. Hacen uso inapropiado de sus mecanismos de defensa usados de forma inmadura.
El apoyo es eficiente cuando intervienen otros pacientes o un psicoterapeuta. No sienten la necesidad de tratamiento psicológico ni psiquiátrico. El terapeuta deber enfrentarlos con la realidad. Las terapias de grupo y familiares, vivir en grupo en residencias especializadas o en grupos de autoayuda pueden ser útiles. La terapia farmacológica se complica por el mal uso de estos medicamentos o por los intentos de suicidio. Si la persona padece de una depresión mayor, fobia o trastorno de pánico, la ingesta de medicamentos es adecuada.

Conclusión
Cambiar una personalidad requiere de mucho tiempo. Ningún tratamiento a corto plazo puede curar con éxito un trastorno de esta índole, pero ciertos cambios se pueden conseguir. La clave está en modificar la conducta y en la terapia hablada. Los tipos antisocial o paranoide, raramente responden a una terapia. Los narcisistas o el obsesivo-compulsivo pueden tratarse con el psicoanálisis.

Nota: posiblemente al leer este artículo se preguntará si usted o algún conocido suyo padece de un trastorno de la personalidad. Sin embargo, sería conveniente que solicite ayuda de un profesional de la salud mental para que le aclare cualquier duda que tenga al respecto.

(gemiliani@cableonda.net)


Ciudad de Panamá
Copyright © 2005
Revista Siete!
Todos los Derechos Reservados, Editora Panamá América, S.A.-EPASA