POR: REVISTA SIETE! (revista.siete@epasa.com) FOTO: CORTESIA |
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![]() A diferencia de los adultos, la piel del bebé es vulnerable a los efectos nocivos del ambiente y la resequedad acentúa esta cualidad. |
Aparte de los
mimos de mamá, no hay nada que un bebé necesite
más que buenos cuidados, y su delicado cutis los pide
a gritos. A diferencia de los adultos, su piel se deshidrata
con facilidad haciéndolo vulnerable a los efectos ambientales
nocivos. Las razones para hidratar su piel sobran, pero vale la pena considerar al menos tres de ellas. 1. Su piel es permeable La piel de un bebé es más delgada que la de los adultos, por lo que está más expuesta al frío, al calor o a otros factores ambientales. Además es más sensible a productos cosméticos que no protejan su sensibilidad. 2. Pierden humedad al nacer En el caso de los recién nacidos, la capa que cubre su piel (capa córnea) es excesivamente fina, lo que les ocasiona una pérdida de agua, líquidos y electrolitos durante las dos primeras semanas. Si no se hidrata, su piel adquiere infecciones con asombrosa facilidad. 3. Nacen con pocas defensas La piel de un pequeño tiene mínimos mecanismos de defensa y un deficiente desarrollo del sistema inmunológico, además de una deficiente flora cutánea, lo que impide que pueda protegerse por sí mismo de los efectos nocivos exteriores. |
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