|
Escolta de Torrijos
y Walker enterraron cadáver
Rafael
Pérez Jaramillo y Arnulfo Barroso Watson
El Panamá América

PRIMERA ENTREGA
El testigo clave que reveló a la Iglesia
Católica el sitio en donde fue enterrado el presunto cadáver
del padre colombiano Héctor Gallego, identificó
plenamente a Melbourne Walker y a un conocido escolta del extinto
general Omar Torrijos, como dos de los tres militares que sepultaron
el cuerpo en el cuartel Los Pumas de Tocumen.
En una entrevista exclusiva con
El Panamá América, el testigo asegura haber visto
cuando el entonces sargento del G-2, Melbourne Walker, el escolta
de Torrijos, Rafael Castro Ibarra, alias "Palanca"
(hoy difunto), y otra unidad que no pudo identificar, llegaron
uniformados con el cuerpo al cuartel de Los Pumas.
Consultado anoche vía
telefónica, el abogado de Walker, Ramiro Fonseca, prefirió
no formular mayores comentarios acerca de los señalamientos
en contra de su defendido, hasta tanto no se concluyan las pruebas
del ADN y se arroje el resultado que determine la identidad de
los restos hallados. Sin embargo si dijo que Melbourne Walker
"no enterró a nadie", y agregó que "más
posibilidad hay que el testigo haya enterrado al padre, que Walker",
debido a que nadie en 28 años dio con exactitud milimétrica
en el lugar donde enterraron el presunto cuerpo de Gallego.
El testigo clave, quien pidió
guardar la reserva de su identidad, dijo haber revelado al fiscal
auxiliar Carlos Augusto Herrera y al arzobispo de Panamá,
José Dimas Cedeño, la identidad de al menos uno
de los militares, a quienes reconoció en el momento en
que enterraban el cadáver. Melbourne Walker, quien actualmente
purga una condena de 15 años por el homicidio del sacerdote
Gallego, trabajaba en junio de 1971, en la sub-jefatura del G-2
con el rango de sargento primero de la Guardia Nacional, teniendo
como jefe inmediato al teniente coronel Manuel Antonio Noriega.
Otra fuente militar confió que Castro Ibarra, "Palanca",
fungió como escolta del general Torrijos desde finales
de la década de 1960 hasta mediados de la de 1970 y en
los múltiples viajes que hizo con éste a El Salvador
entabló relación amorosa con una mujer, por lo
que decidió casarse y radicarse en ese país en
donde murió en 1990. En el país centroamericano,
"Palanca" trabajó como guardaespaldas de una
familia con recursos económicos. El informante indicó
que "Palanca" fue seleccionado como escolta personal
del general, debido a que se trataba de un hombre "arrojado"
y "aventajado". Castro Ibarra estuvo asignado en un
tiempo también a la escolta del difunto presidente Rodolfo
Chiari.
Al trasladarse a El Salvador,
"Palanca" ostentaba el rango de sargento primero. La
fuente relató que Castro Ibarra trabajó con Torrijos
en Tocumen y allí entablaron una buena relación.
Gabriel Miró, hijo del asesinado Rubén Miró
G. llegó a implicar a "Palanca", como una de
las personas que capturaron a su padre el 31 de diciembre de
1969 (noche en la que fue ametrallado), antes de ser conducido
al Departamento Nacional de Investigaciones (DENI).
De acuerdo al testigo clave de
Tocumen, en junio de 1971 él permanecía durmiendo
en un vehículo Jeep, estacionado en el "taller de
engrase" que se hallaba en la sección de reparación
de vehículos del cuartel Los Pumas, conocida como "motor
pool", y desde allí pudo observar el entierro de
los supuestos restos de Gallego.
Según relata, él
pernoctaba en ese sitio (y no en su barraca) a causa de un castigo
(un cuadro) impuesto por el entonces capitán Ricardo Garibaldo,
quien le advirtió que hasta tanto no reparara un vehículo
que había averiado, debía permanecer castigado
durmiendo a la intemperie.
Cuando ya se cumplía la
tercera noche de castigo, el testigo recuerda que aproximadamente
a las 12:30 ó 1:00 de la madrugada, "tres unidades"
llegaron al área y dieron inicio a una excavación
a escasos metros donde se encontraba el referido taller de engrase.
Mientras cavaban, las unidades "sacaron una botella de bebida
alcohólica y empezaron a beber", y el testigo observaba
desde el asiento del conductor del Jeep, oculto con una lona
que cubría el vehículo estacionado de tal forma
que su parte frontal apuntaba directamente al sitio de excavación.
El testigo clave identificó
a la ambulancia 514 como el transporte en el que llegaron al
sitio las tres unidades quienes, tras cavar, procedieron a extraer
de la ambulancia, una camilla donde llevaba "un cuerpo"
que fue conducido al hoyo abierto en la tierra y allí
"lo echaron", "lo tiraron".
Aseveró no haber logrado
ver detalle alguno del cuerpo que era arrojado al hueco, pero
sí pudo notar que se trataba de uno que se mantenía
completamente inmóvil, mientras era extraído de
la ambulancia color verde, con su respectiva cruz roja en un
fondo blanco. Añadió que "Palanca", quien
casi toda su vida había trabajado en Tocumen, y que para
la fecha del suceso narrado, era un raso y laboraba como escolta
de Omar Torrijos, era la persona que conducía esa madrugada
la ambulancia 514, que pertenecía al Cuartel de Los Pumas.
Preguntado acerca del tercer
individuo que se encontraba en el momento de la excavación
y entierro, la fuente respondió que "nunca antes
lo había visto", sin embargo describió que
se trataba de una persona de tez blanca, posiblemente de 147
libras, y cabello "cholo" (lacio).
El testigo alegó estar
seguro de la identidad de Melbourne Walker, porque se trata de
una persona a quien conoce, y porque al día siguiente
del suceso, pudo ver que había llegado en un automóvil
civil, (cuya descripción no recuerda) al cuartel de Los
Pumas. Ignora qué fue a hacer Walker al día siguiente
del suceso, pero sí evocó que a él mismo
le correspondió cargar con combustible el carro que el
agente del G-2 conducía, porque fungía como segundo
jefe del taller de mecánica, y tenía a su cargo
el cuidado de la llave de la bomba de combustible.
Cuando se le preguntó
si Walker giraba instrucciones o realizaba algo durante el tiempo
en que se procedía a cavar o llevar la camilla, el testigo
guardó un espacioso silencio antes de responder: "Yo
no creo que él [Walker] haya sido el que iba comandando
esa operación", pero no aclaró quién
lo hacía.
Al testigo también se
le interrogó si a la hora en que vio a las personas enterrando
el cuerpo era posible reconocer a los militares bajo ese manto
de oscuridad impuesto por la noche, y a ello contestó
que "esa área del taller siempre permanecía
iluminada", para evitar el hurto de piezas.
Inquirido acerca de lo que pudo
escuchar durante la hora y media que tomó (según
recordó) el trabajo de cavar y enterrar (según
su cálculo), el testigo dijo sólo rememorar que
los sujetos hablaban y reían, pero que a él le
era difícil descifrar lo que conversaban.
"Ya cuando a él lo
llevaron allá era para tirarlo al hueco", expresó,
cuando se le insistió evocar cualquier palabra, frase,
o gesto que hubiese registrado de los tres militares que participaban
en el entierro del cadáver. Recordó también
la presencia de "un centinela", como la unidad que
debía estar cuidando, pero dijo no poder identificarlo.
Sin embargo, admitió que tal centinela sabía que
él permanecía sometido a un castigo, y que por
tanto, estaba en el sitio referido.
Al día siguiente, siguió
narrando, él se levantó del jeep en el que durmió,
y aproximadamente a las 6:45 de la mañana, tras proceder
a lavarse la cara, optó por contar los pasos desde la
pared hasta el sitio donde se enterró el cuerpo la madrugada
anterior. "Conté siete pasos", recordó.
|
|
|
PORTADA
El
abogado de Walker prefirió no formular comentarios acerca
de los señalamientos en contra de su defendido. |
 |