Domingo 3 de octubre de 1999


Gallego: Crimen del militarismo

Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

Recién se hallaron los presuntos restos del padre Gallego en Tocúmen, un ex militar de alto rango se adelantó a decir en "Radio Caracol", que la Guardia Nacional como institución, "nada tuvo que ver" con el crimen.

Más recientemente una autoridad de la Fiscalía mencionó una opinión inequívocamente adversa a la precitada. La versión del fiscal Auxiliar, Carlos A. Herrera, choca aparatosamente con la del ex militar, cuando contrapone que lo ocurrido con Gallego fue "orquestado por la cúpula militar de la Guardia Nacional de la época".

El hallazgo de la presunta osamenta de Gallego, en un cuartel militar se agregaría a un cóctel que aparenta estar próximo a estallar en el rostro del militarismo, pues ya tres de sus más activos componentes (G-2, Macho de Monte y Pumas) se van enmarañando cada vez más, en una trama ligada con el secuestro y asesinato del Héctor Gallego.

Cuatro testigos anónimos hablaron en su momento con quien escribe, y ya varias de sus versiones han hallado correspondencia con datos que se van asomando. Si todo camina en esa dirección, se estaría reduciendo el margen de secreto para los entonces encargados de las jefaturas del G-2, de los Macho de Monte y de Los Pumas de Tocúmen.

Cuando Omar Torrijos recuperó el poder en diciembre de 1969, en un acto que dieron en simbolizar como el "día de la lealtad", el mayor Manuel Noriega, era comandante de la 5ta Zona Militar, Lorenzo Purcell, jefe de la Fuerza Aérea Panameña, Ricardo Garibaldo, 2do jefe de la 5ta Zona Militar y Edilberto Del Cid era teniente en Los Macho de Monte.

La lealtad de estos hombres a Torrijos fue premiada cuando sus nombres fueron considerados "dignos de ser estampados en el mármol de la Integridad moral", debido a su destacada participación en el contragolpe de 1969 a favor de Torrijos.

Para 1971, todos esos nombres guardaban dos importantes nexos: Primero, todos habían superado cursos en la contrainsurgente Escuela de Las Américas, y segundo, para junio de 1971, fungían en posiciones de mando al frente de Cuarteles que hoy se asocian con la posible y tortuosa ruta de Gallego. ¿Cuál pudo ser esa ruta?

¿Otro testigo clave?
-¡¡¡Ey!!! ¿Por qué se llevan ese hombre así?, fue lo que alcanzó a gritar el sempiterno amigo de Gallego, Jacinto Peña, cuando ese miércoles 9 de junio de 1971, el presbítero fue arrancado del sitio donde pernoctaba en Santa Fe. ¿Quiénes lo capturaron? Puede que los implicados sean más, pero los nombres que siguen resuenan con mayor insistencia.

Ya sabemos que Melbourne Walker, miembro activo del cuerpo de inteligencia del G-2 y Eugenio Magallón del S-2 de la 3ra Zona Militar en Veraguas, a cargo del capitán Eros Ramiro Cal, se afanaron antes del secuestro del sacerdote, en recabar información que según reitera ahora Walker, resultó útil para la captura de Héctor Gallego.

El pasado viernes 1 de octubre Walker dijo a una de las hermanas de Héctor Gallego, aquello que siete años atrás había referido al Padre Fernando Guardia. Entonces, como ahora, Walker implicó a Edilberto Del Cid, Juan González (hoy difunto) y al "Flaco" Espinoza, como los miembros de la compañía Macho de Monte que capturaron a Gallego.

La versión que sigue abajo, durmió durante algún tiempo en las oficinas de una organización ligada con luchas sociales, y después, una copia llegó en la década pasada, a manos de las más altas autoridades de la Iglesia Católica panameña, quienes la consideraron "interesante" y digna de ser investigada.

Por allá por el año de 1984, el Centro de Capacitación Social convocó a un concurso inspirado en una América Latina de lucha y esperanza. Para participar, los interesados podrían instrumentar cualquiera de los géneros literarios destinados a tal fin, a saber, el ensayo, el cuento, la poesía y el testimonio.

Alguien entonces, narró una espeluznante historia adaptándola al género de testimonio, y luego la envió al concurso. En 1996, quien escribe esta nota, supo de tal documento y se afanó durante algún tiempo en dar con él. Tras su hallazgo, insistió hasta dar con el autor.

Sometiendo su identidad al rigor de un pseudónimo, quien escribió el testimonio narró que él era estudiante en el Instituto Nacional de Agricultura (INA) de Divisa, cuando ocurrió el secuestro de Gallego. Evocó que esa noche, junto a dos compañeros (fallecidos al año del suceso, en circunstancias misteriosas), se introdujeron furtivamente en la cocina del colegio.

Lo hicieron con el propósito de apropiarse de algo para comer, en lo que se supone era una de las tantas travesuras que los estudiantes acostumbraban a hacer, bajo el riesgo de una severa sanción. No obstante, ello no los arredró, y finalmente venciendo cercas y un candado, usurparon el espacio de la cocina, que hoy es un salón de profesores.

Una vez en el sitio, los estudiantes sintieron que se aproximaba un carro que, según el testigo citado, resultó ser un Toyota Land Cruiser color verde y de capota blanca. En el vehículo viajaban dos miembros de la Compañía Macho de Monte y otra persona que lo conducía, según la versión del entrevistado.

¡Quítale el crucifijo!
La fuente siguió narrando que uno de los Macho de Monte tripulante en el Jeep verde de capota blanca, fue instruido por aquel que conducía, para que frustrara el acceso al área. Los estudiantes se asustaron y permanecieron allí hasta que, a las 2 de la madrugada, la desesperación se apoderó de su resistencia.

Uno de ellos se trenzó en una discusión con sus compañeros, pues, ya abotargado por el cansancio, prefirió abandonar el sitio y resistir una sanción. Sus compañeros disuadieron sus intenciones mascullando que la prudencia llamaba a esperar hasta que amaneciera, y así las cosas, cedieron ante un sueño que no demoró mucho en ser interrumpido.

"Exactamente" a las 4 de la madrugada se aproximaron otros dos carros al área, evocó el informante. Uno de esos vehículos fue identificado por el testigo anónimo, como un carro que inicialmente describió como jeep militar, pero que luego describió como un jeep color verde y con capota blanca cubierto con una capa de lodo.

De este Jeep descendieron el sargento primero Juan González (difunto) de los Macho de Monte, y dos más de esa brigada. Los tres encaminaron sus pasos hacia el otro Jeep (cuya descripción no quedó clara) que se aproximó al área, y en este segundo vehículo, de acuerdo al testigo, permanecía un señor de nombre Tulio Córdoba, con otras dos personas.

No tardaron en abrir la puerta posterior del Jeep verde y sucio con lodo, para entonces "jalar" y "tirar" al suelo a una persona del carro. Esta persona, según describe la fuente, se mantenía inerme sin emitir sonido alguno, y además, parecía estar atada, tanto en las extremidades superiores, como en las inferiores.

-¡Quítale el crucifijo y mételo en el carro!, ordenó -según el testimonio- el señor de nombre Tulio Córdoba, segundos antes de agregar: ¡La orden es llevarlo a la isla!.

Trece años antes de éste testimonio, la Iglesia Católica recibió decenas de versiones, todas recogidas por sus investigadores del caso de la desaparición de Gallego. Una de esas versiones nombró a un tal "Julio Córdova" (sic), en el área de Divisa. En repetidas oportunidades quien escribe intentó hablar con Córdoba, sin éxito.

Sin embargo en recientes declaraciones, Córdoba ha negado haber estado en el sitio alegando que desde mayo de ese año, 1971, se había marchado a Coclé. Negó tener algún nexo con el caso Gallego.

Jeep del "mameyazo"
Jacinto Peña fue el campesino que brindó albergue a Gallego cuando le fuera quemado el rancho y quizás fue la última persona amiga que lo vio con vida. El identificó un jeep Toyota Land Cruiser, color verde con capota blanca, como el vehículo del secuestro.

Asimismo, más de una docena de testigos confirmaron que desde las 8:30 de la noche del 9 de junio de 1971, un Jeep Toyota Land Cruiser color verde, con la capota blanca, recorrió las comunidades que van desde San Francisco hasta el Carmen (10:30 p.m.) y Santa Fe (12:10 a.m.). En el vehículo, al parecer, viajaban tres hombres.

¿Guardará relación esto con lo que ocurrió la mañana del 9 de junio en la capital panameña? Situada en su puesto normal de trabajo, una funcionaria del Departamento de Crédito de Toyopan y Tesa en la provincia de Panamá, entregó las llaves de un jeep nuevo a dos sujetos que fueron a retirarlo.

Este vehículo, modelo "Land Cruiser" de la Toyota, formaba parte de una flota de 40 Jeeps idénticos que el Instituto de Fomento Económico (IFE) -hoy Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA)- había comprado a Toyopan y Tesa. Ya la empresa había entregado 20 de esa flota, y restaban otros 20 para cerrar el negocio.

Uno de éstos últimos, cuya descripción genérica se resume en su color verde, en una capota blanca, y en una llanta de repuesto ubicada en la parte posterior del vehículo, al parecer guarda algún nexo con lo acontecido a Gallego. En los archivos del BDA reposa constancia de la compra de esos Jeeps a la empresa Toyopan y Tesa por la época.

En su columna del 20 de octubre de 1993, el periodista Guillermo Sánchez Borbón dijo que "los jeeps en que fueron a secuestrar y asesinar a Gallego no eran de la Guardia, ni siquiera del G-2, sino de esa institución que primero se llamó IFE y posteriormente Banco de Desarrollo Agropecuario".

Qué lejos estuvo un empleado de Toyopan y Tesa, de imaginar que la palabra "mameyazo" motivaría en él tamaña impresión, un año después del secuestro de Gallego. Resulta que los funcionarios del IFE se habían negado a pagar un jeep (de la flota de 40) que, según ellos no habían recibido, y no hubo manera de cobrarlo.

Esa controversia se congeló, hasta que aproximadamente un año después, se recibió una llamada a Toyopan y Tesa, instruyendo para que retiraran un cheque cancelando así el pago del jeep "Land Cruiser" faltante. Qué sorpresa: La llamada provenía de la Comandancia de la Guardia Nacional, de la Avenida A, donde pagarían por el vehículo.

El acucioso empleado de la compañía, que nos narró el hecho en 1997, bajo la condición de no revelar su identidad, se apersonó al Cuartel Central de la Avenida A, donde le hicieron entrega de un cheque en pago por el Jeep, cuya inscripción y número de serie, coincidían con los de aquel que fue retirado casi un año antes por dos sujetos extraños.

Aquí no termina el asunto. Lo espeluznante del caso surge cuando el empleado, sin quererlo, se llevó agazapada junto al cheque, una nota escrita a mano que decía: "Coronel: éste carro es propiedad de la Guardia Nacional. Ahora está en Boquete. Este fue el del mameyazo". Lamentablemente se desconoce el paradero de tal nota.

Walker mintió antes
Así como el nombre de Tulio Córdoba ya había sido mencionado en las pesquisas de la Iglesia en 1971, dos nombres mencionados por Walker en su carta calendada en 1992, y cursada al Padre Fernando Guardia, ya habían sido mencionados en 1984, en el documento de testimonio. Los nombre son: Edilberto Del Cid y Juan González, de los Macho de Monte.

Que por años se han ocultado hechos, es una verdad documentalmente posible de verificar. Walker dijo en su carta al Padre Guardia que antes del secuestro, fueron a su habitación del Hotel Magnolia en Santiago, Edilberto Del Cid, jefe de los Macho de Monte y el sargento Juan González (hoy difunto), de la misma compañía. A ellos informó sobre "el caso".

Eso se lo escribió al padre Guardia en 1992, pero en su declaración del 21 de junio de 1971, el sargento Walker fue interrogado por el entonces procurador de la Nación, Olmedo Miranda: "Diga el declarante si usted ha obtenido alguna información que permita identificar al autor, cómplices y encubridores de la desparición (sic) del sacerdote Héctor Gallegos".

Quizás sin imaginar que dos décadas después del crimen de Gallego, estaría confesando lo que sabía ante el sacerdote, Fernando Guardia, Walker ocultó datos que manejaba al responder esa pregunta de ésta forma: "No tengo ninguna información solo he oído decir lo que dicen los periódicos y la televisión".

Gallego los perdonó
¿Gallego fue capturado por los Macho de Monte? ¿Participaron civiles en la captura? ¿Fue un crimen de la Guardia con el concurso de parientes de Omar Torrijos como dijo Madriñán? ¿Fue conducido a la Base de Río Hato? ¿Cómo llegó a Panamá? ¿Fue transportado a una casa en Bella Vista, a un costado de María Inmaculada, y dejado bajo custodia del G-2, como dice Walker? ¿Fue trasladado de la Base de Río Hato en un auto gris Gran Safari Plymouth hasta una residencia cercana a María Inmaculada y de allí a Tocúmen, como dijo Nivaldo Madriñán? ¿Tras su secuestro en el rancho fue conducido a un aeropuerto cercano y se lo trajeron directamente a Tocúmen, como escribió Guillermo Sánchez Borbón, citando a uno de los condenados? Las versiones abundan tanto como difieren.

Todas las anteriores versiones que hoy parecen validarse en gran medida, fueron pulsadas antes de la publicación por "La Prensa" (abril de 1998) de una nueva pista sobre el caso Gallego. Quien escribe estas líneas contactó posteriormente a esa fuente, y logró que ampliara sus declaraciones contando que, moribundo y padeciendo una hemorragia, Gallego susurró ante un miembro de la Guardia Nacional, que perdonaba a quienes lo hirieron.

Un efectivo de la Guardia Nacional, quien vio al sacerdote cuando fue conducido gravemente herido, a la clínica que operaba en el Cuartel Central, dio a conocer la versión del perdón a otro militar (fallecido en 1993), quien a su vez la refirió a la fuente citada. "Héctor Gallego dijo: Los perdono", aseveró la fuente.

Esta aseguró haber permanecido el 10 de junio de 1971 esperando turno para atender a sus hijos, en la clínica de la Guardia Nacional. En ese momento, cerca de las 10 de la mañana, un helicóptero se apostó en la parte posterior de la clínica, e inmediatamente unidades uniformadas ordenaron a quienes permanecían en la misma, desalojar el área.

Tras recordar que los guardias adoptaron una postura propia de un escenario de guerra, dijo haber observado cuando unos hombres ataviados de fatiga transportaron a un hombre cubierto por sábanas. Tras el movimiento de guardias, ésta informante ingresó por una puerta de acceso prohibido y descubrió sangre fresca en el piso.

Al momento del suceso la fuente desconocía la identidad de la persona pero después un pariente muy cercano, quien fungía como Guardia y trabajaba (el 10 de junio iniciaba turno a las 3 de la tarde) cerca del área de la clínica, le confió bajo la condición de guardar estricto silencio, que el herido era Héctor Gallego.

Adicionalmente, la fuente dijo haber sabido por conducto del militar ya fallecido, que el mayor Pedro Ayala, por entonces Jefe del Escuadrón de Caballería, molesto por lo acontecido con Gallego, espetó que "la orden no era matarlo". Esto se le inquirió hace poco más de una semana, al ex militar Ayala y enseguida negó la versión retrucando que la fuente "está confundida".

Como se sabe más recientemente, se amontonan las probabilidades conducentes a creer que los restos hallados en Tocúmen corresponden a los del sacerdote. "Pudieron haber sido tres personas" las que participaron en el entierro de un cuerpo que se presume sería el de Héctor Gallego, confió recientemente el testigo que reveló el hallazgo en el antiguo cuartel de Los Pumas de Tocúmen. De confirmarse la especie, se estaría ante un dato más que culpabiliza a las altas jefaturas de la Guardia Nacional en 1971, con el crimen de Gallego.



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...Moribundo y padeciendo una hemorragia, Gallego susurró ante un miembro de la Guardia Nacional que perdonaba a quienes lo hicieron. Un efectivo de la Guardia Nacional, quien vio al sacerdote cuando fue conducido gravemente herido a la clínica que operaba en el Cuartel Central, dio a conocer la versión del perdón a otro militar (fallecido en 1993), quien a su vez la refirió a la fuente citada. "Héctor Gallego dijo: Los perdono, aseveró la fuente".
 

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