|
Gallego: Crimen
del militarismo
Rafael
Pérez Jaramillo
El Panamá América

Recién se hallaron los presuntos restos del
padre Gallego en Tocúmen, un ex militar de alto rango
se adelantó a decir en "Radio Caracol", que
la Guardia Nacional como institución, "nada tuvo
que ver" con el crimen.
Más recientemente una
autoridad de la Fiscalía mencionó una opinión
inequívocamente adversa a la precitada. La versión
del fiscal Auxiliar, Carlos A. Herrera, choca aparatosamente
con la del ex militar, cuando contrapone que lo ocurrido con
Gallego fue "orquestado por la cúpula militar de
la Guardia Nacional de la época".
El hallazgo de la presunta osamenta
de Gallego, en un cuartel militar se agregaría a un cóctel
que aparenta estar próximo a estallar en el rostro del
militarismo, pues ya tres de sus más activos componentes
(G-2, Macho de Monte y Pumas) se van enmarañando cada
vez más, en una trama ligada con el secuestro y asesinato
del Héctor Gallego.
Cuatro testigos anónimos
hablaron en su momento con quien escribe, y ya varias de sus
versiones han hallado correspondencia con datos que se van asomando.
Si todo camina en esa dirección, se estaría reduciendo
el margen de secreto para los entonces encargados de las jefaturas
del G-2, de los Macho de Monte y de Los Pumas de Tocúmen.
Cuando Omar Torrijos recuperó
el poder en diciembre de 1969, en un acto que dieron en simbolizar
como el "día de la lealtad", el mayor Manuel
Noriega, era comandante de la 5ta Zona Militar, Lorenzo Purcell,
jefe de la Fuerza Aérea Panameña, Ricardo Garibaldo,
2do jefe de la 5ta Zona Militar y Edilberto Del Cid era teniente
en Los Macho de Monte.
La lealtad de estos hombres a
Torrijos fue premiada cuando sus nombres fueron considerados
"dignos de ser estampados en el mármol de la Integridad
moral", debido a su destacada participación en el
contragolpe de 1969 a favor de Torrijos.
Para 1971, todos esos nombres
guardaban dos importantes nexos: Primero, todos habían
superado cursos en la contrainsurgente Escuela de Las Américas,
y segundo, para junio de 1971, fungían en posiciones de
mando al frente de Cuarteles que hoy se asocian con la posible
y tortuosa ruta de Gallego. ¿Cuál pudo ser esa
ruta?
¿Otro testigo clave?
-¡¡¡Ey!!! ¿Por qué se llevan
ese hombre así?, fue lo que alcanzó a gritar el
sempiterno amigo de Gallego, Jacinto Peña, cuando ese
miércoles 9 de junio de 1971, el presbítero fue
arrancado del sitio donde pernoctaba en Santa Fe. ¿Quiénes
lo capturaron? Puede que los implicados sean más, pero
los nombres que siguen resuenan con mayor insistencia.
Ya sabemos que Melbourne Walker,
miembro activo del cuerpo de inteligencia del G-2 y Eugenio Magallón
del S-2 de la 3ra Zona Militar en Veraguas, a cargo del capitán
Eros Ramiro Cal, se afanaron antes del secuestro del sacerdote,
en recabar información que según reitera ahora
Walker, resultó útil para la captura de Héctor
Gallego.
El pasado viernes 1 de octubre
Walker dijo a una de las hermanas de Héctor Gallego, aquello
que siete años atrás había referido al Padre
Fernando Guardia. Entonces, como ahora, Walker implicó
a Edilberto Del Cid, Juan González (hoy difunto) y al
"Flaco" Espinoza, como los miembros de la compañía
Macho de Monte que capturaron a Gallego.
La versión que sigue abajo,
durmió durante algún tiempo en las oficinas de
una organización ligada con luchas sociales, y después,
una copia llegó en la década pasada, a manos de
las más altas autoridades de la Iglesia Católica
panameña, quienes la consideraron "interesante"
y digna de ser investigada.
Por allá por el año
de 1984, el Centro de Capacitación Social convocó
a un concurso inspirado en una América Latina de lucha
y esperanza. Para participar, los interesados podrían
instrumentar cualquiera de los géneros literarios destinados
a tal fin, a saber, el ensayo, el cuento, la poesía y
el testimonio.
Alguien entonces, narró
una espeluznante historia adaptándola al género
de testimonio, y luego la envió al concurso. En 1996,
quien escribe esta nota, supo de tal documento y se afanó
durante algún tiempo en dar con él. Tras su hallazgo,
insistió hasta dar con el autor.
Sometiendo su identidad al rigor
de un pseudónimo, quien escribió el testimonio
narró que él era estudiante en el Instituto Nacional
de Agricultura (INA) de Divisa, cuando ocurrió el secuestro
de Gallego. Evocó que esa noche, junto a dos compañeros
(fallecidos al año del suceso, en circunstancias misteriosas),
se introdujeron furtivamente en la cocina del colegio.
Lo hicieron con el propósito
de apropiarse de algo para comer, en lo que se supone era una
de las tantas travesuras que los estudiantes acostumbraban a
hacer, bajo el riesgo de una severa sanción. No obstante,
ello no los arredró, y finalmente venciendo cercas y un
candado, usurparon el espacio de la cocina, que hoy es un salón
de profesores.
Una vez en el sitio, los estudiantes
sintieron que se aproximaba un carro que, según el testigo
citado, resultó ser un Toyota Land Cruiser color verde
y de capota blanca. En el vehículo viajaban dos miembros
de la Compañía Macho de Monte y otra persona que
lo conducía, según la versión del entrevistado.
¡Quítale el crucifijo!
La fuente siguió narrando que uno de los Macho de Monte
tripulante en el Jeep verde de capota blanca, fue instruido por
aquel que conducía, para que frustrara el acceso al área.
Los estudiantes se asustaron y permanecieron allí hasta
que, a las 2 de la madrugada, la desesperación se apoderó
de su resistencia.
Uno de ellos se trenzó
en una discusión con sus compañeros, pues, ya abotargado
por el cansancio, prefirió abandonar el sitio y resistir
una sanción. Sus compañeros disuadieron sus intenciones
mascullando que la prudencia llamaba a esperar hasta que amaneciera,
y así las cosas, cedieron ante un sueño que no
demoró mucho en ser interrumpido.
"Exactamente" a las
4 de la madrugada se aproximaron otros dos carros al área,
evocó el informante. Uno de esos vehículos fue
identificado por el testigo anónimo, como un carro que
inicialmente describió como jeep militar, pero que luego
describió como un jeep color verde y con capota blanca
cubierto con una capa de lodo.
De este Jeep descendieron el
sargento primero Juan González (difunto) de los Macho
de Monte, y dos más de esa brigada. Los tres encaminaron
sus pasos hacia el otro Jeep (cuya descripción no quedó
clara) que se aproximó al área, y en este segundo
vehículo, de acuerdo al testigo, permanecía un
señor de nombre Tulio Córdoba, con otras dos personas.
No tardaron en abrir la puerta
posterior del Jeep verde y sucio con lodo, para entonces "jalar"
y "tirar" al suelo a una persona del carro. Esta persona,
según describe la fuente, se mantenía inerme sin
emitir sonido alguno, y además, parecía estar atada,
tanto en las extremidades superiores, como en las inferiores.
-¡Quítale el crucifijo
y mételo en el carro!, ordenó -según el
testimonio- el señor de nombre Tulio Córdoba, segundos
antes de agregar: ¡La orden es llevarlo a la isla!.
Trece años antes de éste
testimonio, la Iglesia Católica recibió decenas
de versiones, todas recogidas por sus investigadores del caso
de la desaparición de Gallego. Una de esas versiones nombró
a un tal "Julio Córdova" (sic), en el área
de Divisa. En repetidas oportunidades quien escribe intentó
hablar con Córdoba, sin éxito.
Sin embargo en recientes declaraciones,
Córdoba ha negado haber estado en el sitio alegando que
desde mayo de ese año, 1971, se había marchado
a Coclé. Negó tener algún nexo con el caso
Gallego.
Jeep del "mameyazo"
Jacinto Peña fue el campesino que brindó albergue
a Gallego cuando le fuera quemado el rancho y quizás fue
la última persona amiga que lo vio con vida. El identificó
un jeep Toyota Land Cruiser, color verde con capota blanca, como
el vehículo del secuestro.
Asimismo, más de una docena
de testigos confirmaron que desde las 8:30 de la noche del 9
de junio de 1971, un Jeep Toyota Land Cruiser color verde, con
la capota blanca, recorrió las comunidades que van desde
San Francisco hasta el Carmen (10:30 p.m.) y Santa Fe (12:10
a.m.). En el vehículo, al parecer, viajaban tres hombres.
¿Guardará relación
esto con lo que ocurrió la mañana del 9 de junio
en la capital panameña? Situada en su puesto normal de
trabajo, una funcionaria del Departamento de Crédito de
Toyopan y Tesa en la provincia de Panamá, entregó
las llaves de un jeep nuevo a dos sujetos que fueron a retirarlo.
Este vehículo, modelo
"Land Cruiser" de la Toyota, formaba parte de una flota
de 40 Jeeps idénticos que el Instituto de Fomento Económico
(IFE) -hoy Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA)- había
comprado a Toyopan y Tesa. Ya la empresa había entregado
20 de esa flota, y restaban otros 20 para cerrar el negocio.
Uno de éstos últimos,
cuya descripción genérica se resume en su color
verde, en una capota blanca, y en una llanta de repuesto ubicada
en la parte posterior del vehículo, al parecer guarda
algún nexo con lo acontecido a Gallego. En los archivos
del BDA reposa constancia de la compra de esos Jeeps a la empresa
Toyopan y Tesa por la época.
En su columna del 20 de octubre
de 1993, el periodista Guillermo Sánchez Borbón
dijo que "los jeeps en que fueron a secuestrar y asesinar
a Gallego no eran de la Guardia, ni siquiera del G-2, sino de
esa institución que primero se llamó IFE y posteriormente
Banco de Desarrollo Agropecuario".
Qué lejos estuvo un empleado
de Toyopan y Tesa, de imaginar que la palabra "mameyazo"
motivaría en él tamaña impresión,
un año después del secuestro de Gallego. Resulta
que los funcionarios del IFE se habían negado a pagar
un jeep (de la flota de 40) que, según ellos no habían
recibido, y no hubo manera de cobrarlo.
Esa controversia se congeló,
hasta que aproximadamente un año después, se recibió
una llamada a Toyopan y Tesa, instruyendo para que retiraran
un cheque cancelando así el pago del jeep "Land Cruiser"
faltante. Qué sorpresa: La llamada provenía de
la Comandancia de la Guardia Nacional, de la Avenida A, donde
pagarían por el vehículo.
El acucioso empleado de la compañía,
que nos narró el hecho en 1997, bajo la condición
de no revelar su identidad, se apersonó al Cuartel Central
de la Avenida A, donde le hicieron entrega de un cheque en pago
por el Jeep, cuya inscripción y número de serie,
coincidían con los de aquel que fue retirado casi un año
antes por dos sujetos extraños.
Aquí no termina el asunto.
Lo espeluznante del caso surge cuando el empleado, sin quererlo,
se llevó agazapada junto al cheque, una nota escrita a
mano que decía: "Coronel: éste carro es propiedad
de la Guardia Nacional. Ahora está en Boquete. Este fue
el del mameyazo". Lamentablemente se desconoce el paradero
de tal nota.
Walker mintió antes
Así como el nombre de Tulio Córdoba ya había
sido mencionado en las pesquisas de la Iglesia en 1971, dos nombres
mencionados por Walker en su carta calendada en 1992, y cursada
al Padre Fernando Guardia, ya habían sido mencionados
en 1984, en el documento de testimonio. Los nombre son: Edilberto
Del Cid y Juan González, de los Macho de Monte.
Que por años se han ocultado
hechos, es una verdad documentalmente posible de verificar. Walker
dijo en su carta al Padre Guardia que antes del secuestro, fueron
a su habitación del Hotel Magnolia en Santiago, Edilberto
Del Cid, jefe de los Macho de Monte y el sargento Juan González
(hoy difunto), de la misma compañía. A ellos informó
sobre "el caso".
Eso se lo escribió al
padre Guardia en 1992, pero en su declaración del 21 de
junio de 1971, el sargento Walker fue interrogado por el entonces
procurador de la Nación, Olmedo Miranda: "Diga el
declarante si usted ha obtenido alguna información que
permita identificar al autor, cómplices y encubridores
de la desparición (sic) del sacerdote Héctor Gallegos".
Quizás sin imaginar que
dos décadas después del crimen de Gallego, estaría
confesando lo que sabía ante el sacerdote, Fernando Guardia,
Walker ocultó datos que manejaba al responder esa pregunta
de ésta forma: "No tengo ninguna información
solo he oído decir lo que dicen los periódicos
y la televisión".
Gallego los perdonó
¿Gallego fue capturado por los Macho de Monte? ¿Participaron
civiles en la captura? ¿Fue un crimen de la Guardia con
el concurso de parientes de Omar Torrijos como dijo Madriñán?
¿Fue conducido a la Base de Río Hato? ¿Cómo
llegó a Panamá? ¿Fue transportado a una
casa en Bella Vista, a un costado de María Inmaculada,
y dejado bajo custodia del G-2, como dice Walker? ¿Fue
trasladado de la Base de Río Hato en un auto gris Gran
Safari Plymouth hasta una residencia cercana a María Inmaculada
y de allí a Tocúmen, como dijo Nivaldo Madriñán?
¿Tras su secuestro en el rancho fue conducido a un aeropuerto
cercano y se lo trajeron directamente a Tocúmen, como
escribió Guillermo Sánchez Borbón, citando
a uno de los condenados? Las versiones abundan tanto como difieren.
Todas las anteriores versiones
que hoy parecen validarse en gran medida, fueron pulsadas antes
de la publicación por "La Prensa" (abril de
1998) de una nueva pista sobre el caso Gallego. Quien escribe
estas líneas contactó posteriormente a esa fuente,
y logró que ampliara sus declaraciones contando que, moribundo
y padeciendo una hemorragia, Gallego susurró ante un miembro
de la Guardia Nacional, que perdonaba a quienes lo hirieron.
Un efectivo de la Guardia Nacional,
quien vio al sacerdote cuando fue conducido gravemente herido,
a la clínica que operaba en el Cuartel Central, dio a
conocer la versión del perdón a otro militar (fallecido
en 1993), quien a su vez la refirió a la fuente citada.
"Héctor Gallego dijo: Los perdono", aseveró
la fuente.
Esta aseguró haber permanecido
el 10 de junio de 1971 esperando turno para atender a sus hijos,
en la clínica de la Guardia Nacional. En ese momento,
cerca de las 10 de la mañana, un helicóptero se
apostó en la parte posterior de la clínica, e inmediatamente
unidades uniformadas ordenaron a quienes permanecían en
la misma, desalojar el área.
Tras recordar que los guardias
adoptaron una postura propia de un escenario de guerra, dijo
haber observado cuando unos hombres ataviados de fatiga transportaron
a un hombre cubierto por sábanas. Tras el movimiento de
guardias, ésta informante ingresó por una puerta
de acceso prohibido y descubrió sangre fresca en el piso.
Al momento del suceso la fuente
desconocía la identidad de la persona pero después
un pariente muy cercano, quien fungía como Guardia y trabajaba
(el 10 de junio iniciaba turno a las 3 de la tarde) cerca del
área de la clínica, le confió bajo la condición
de guardar estricto silencio, que el herido era Héctor
Gallego.
Adicionalmente, la fuente dijo
haber sabido por conducto del militar ya fallecido, que el mayor
Pedro Ayala, por entonces Jefe del Escuadrón de Caballería,
molesto por lo acontecido con Gallego, espetó que "la
orden no era matarlo". Esto se le inquirió hace poco
más de una semana, al ex militar Ayala y enseguida negó
la versión retrucando que la fuente "está
confundida".
Como se sabe más recientemente,
se amontonan las probabilidades conducentes a creer que los restos
hallados en Tocúmen corresponden a los del sacerdote.
"Pudieron haber sido tres personas" las que participaron
en el entierro de un cuerpo que se presume sería el de
Héctor Gallego, confió recientemente el testigo
que reveló el hallazgo en el antiguo cuartel de Los Pumas
de Tocúmen. De confirmarse la especie, se estaría
ante un dato más que culpabiliza a las altas jefaturas
de la Guardia Nacional en 1971, con el crimen de Gallego. |