Domingo 3 de octubre de 1999


Asesinos de Gallego deben descargar su conciencia

Juan Madrid y Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

Edilma y Nubia, hermanas de Héctor Gallego, pidieron ayer en Santa Fe de Veraguas a quienes estén involucrados en la desaparición del sacerdote, que "descarguen sus conciencias".

"Es evidente que Héctor no ha muerto" afirmaron las hermanas del desaparecido luego del recorrido efectuado en la cabecera del distrito de Santa Fe, en la que visitaron los sitios donde el misionero vivió, predicó y desde donde fue sacado violentamente hace 28 años.

Edilma recordó que la palabra de Dios es muy clara cuando pide que "no temamos a quienes pueden matar el cuerpo, sino a los que quieran matar el alma, y es lo que pasó con Héctor, que aunque desaparecido físicamente no se le ha podido matar el espíritu de lucha y de verdad, que sembró en el pueblo".

Manifestó que quienes cometieron el asesinato deben permitir que "sus conciencias descansen, porque el que fue capaz de cometer este acto no puede tener la conciencia tranquila", por lo que los instó a hablar ya sea a través de la Iglesia o de otra manera, pero que lo hagan.

Al mismo tiempo hizo un llamado a las personas que saben la verdad de los hechos que sucedieron en la época en que desaparecieron tantas personas, para que escuchen la voz del pueblo y revelen lo que saben.

Ambas afirmaron que el momento más emocionante de este recorrido fue cuando Luisa Rodríguez, una anciana de 90 años, les recitó una poesía compuesta para el desaparecido cura.

Cuatro horas después del secuestro de Héctor Gallego, un estudiante oculto vio cuando llevaron a una persona, posiblemente atada ,al Instituto Nacional de Agricultura (INA) de Divisa, donde también vio al integrarte del grupo Macho de Monte que, años después, Melbourne Walker acusó por la captura de Gallego.

El testigo, un estudiante del INA cuando se dio el secuestro de Gallego, dijo haber visto llegar al INA, a las 4:00 a.m., al Macho de Monte Juan González (hoy difunto) y a otros dos integrantes más de ese cuerpo militar, quienes abrieron un jeep recién llegado y bajaron a una persona que a la que mantenían inmóvil, y aparentemente atada de manos y pies.

La versión está en un documento de 1984, es decir, ocho años antes de que Melbourne Walker cursara en 1992 una misiva al padre Fernando Guardia, revelando que Edilberto Del Cid y Juan González, de los Macho de Monte, participaron en la captura de Gallego. El documento sobre el INA, permaneció archivado hasta 1997, cuando fue descubierto.

De acuerdo con el testigo, en horas del medio día de la fecha en que se dio el secuestro de Gallego, los estudiantes del INA trabajaban en el campo cuando vieron un helicóptero de la Fuerza Aérea Panameña (FAP), en el que viajaban el general Omar Torrijos, Gerardo González, Alvaro Vernaza y Enrique Landau. Este último negó haber estado en el sitio.

Cuando los estudiantes regresaron al INA, a eso de las 4:00 p.m., el testigo pudo observar que en la Dirección del plantel permanecían reunidos el Ingeniero Richard Pretto, el capitán Edilberto Del Cid, jefe de los Macho de Monte; Tulio Córdoba y Juan González, de los Macho de Monte, así como Alvaro Vernaza y un profesor apellido Zapata.

Tanto Pretto como Córdoba han negado nexo alguno con lo acontecido al padre Gallego.

El documento con la versión permaneció un tiempo en las oficinas del Centro de Capacitación Social, una organización ligada con acciones populares y después una copia llegó a manos de las más altas autoridades de la Iglesia Católica panameña, quienes la consideraron "interesante" y digna de ser investigada.

En 1984, el Centro de Capacitación Social convocó a un concurso inspirado en una América Latina de lucha y esperanza, en el que se establecía el testimonio como una categoría de los géneros.

El testigo precitado narró por entonces una historia que adaptó al género de testimonio, y luego la envió al concurso, bajo el pseudónimo, "Rtexeir A". El plasmó en su testimonio que esa noche, junto a dos compañeros (fallecidos al año del suceso en circunstancias misteriosas), se introdujo furtivamente en la cocina del colegio.

Lo hicieron con el propósito de apropiarse de comida, bajo el riesgo de una sanción. Una vez en el sitio, vieron que a las 4:00 a.m. se aproximaron dos carros al área, uno de ellos descrito primero por el testigo anónimo como jeep militar, pero luego como un jeep color verde y con capota blanca cubierto con una capa de lodo.

Del jeep descendieron el sargento primero Juan González (difunto) de los Macho de Monte, y dos más de esa brigada. Los tres encaminaron sus pasos hacia otro jeep (cuya descripción no quedó clara) que se aproximó al área, y en este segundo vehículo, de acuerdo al testigo, permanecía un señor de nombre Tulio Córdoba, con otras dos personas.

No tardaron en abrir la puerta posterior del jeep verde y sucio con lodo, para entonces "jalar" y "tirar" al suelo a una persona del carro. Esta persona, según describe la fuente, se mantenía inerme sin emitir sonido alguno, y además, parecía estar atada, tanto en las extremidades superiores, como en las inferiores.



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Surgen revelaciones sobre ingreso del cuerpo inmóvil al INA.
 

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