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Asesinos de Gallego
deben descargar su conciencia
Juan Madrid
y Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

Edilma y Nubia, hermanas de Héctor Gallego,
pidieron ayer en Santa Fe de Veraguas a quienes estén
involucrados en la desaparición del sacerdote, que "descarguen
sus conciencias".
"Es evidente que Héctor
no ha muerto" afirmaron las hermanas del desaparecido luego
del recorrido efectuado en la cabecera del distrito de Santa
Fe, en la que visitaron los sitios donde el misionero vivió,
predicó y desde donde fue sacado violentamente hace 28
años.
Edilma recordó que la
palabra de Dios es muy clara cuando pide que "no temamos
a quienes pueden matar el cuerpo, sino a los que quieran matar
el alma, y es lo que pasó con Héctor, que aunque
desaparecido físicamente no se le ha podido matar el espíritu
de lucha y de verdad, que sembró en el pueblo".
Manifestó que quienes
cometieron el asesinato deben permitir que "sus conciencias
descansen, porque el que fue capaz de cometer este acto no puede
tener la conciencia tranquila", por lo que los instó
a hablar ya sea a través de la Iglesia o de otra manera,
pero que lo hagan.
Al mismo tiempo hizo un llamado
a las personas que saben la verdad de los hechos que sucedieron
en la época en que desaparecieron tantas personas, para
que escuchen la voz del pueblo y revelen lo que saben.
Ambas afirmaron que el momento
más emocionante de este recorrido fue cuando Luisa Rodríguez,
una anciana de 90 años, les recitó una poesía
compuesta para el desaparecido cura.
Cuatro horas después del
secuestro de Héctor Gallego, un estudiante oculto vio
cuando llevaron a una persona, posiblemente atada ,al Instituto
Nacional de Agricultura (INA) de Divisa, donde también
vio al integrarte del grupo Macho de Monte que, años después,
Melbourne Walker acusó por la captura de Gallego.
El testigo, un estudiante del
INA cuando se dio el secuestro de Gallego, dijo haber visto llegar
al INA, a las 4:00 a.m., al Macho de Monte Juan González
(hoy difunto) y a otros dos integrantes más de ese cuerpo
militar, quienes abrieron un jeep recién llegado y bajaron
a una persona que a la que mantenían inmóvil, y
aparentemente atada de manos y pies.
La versión está
en un documento de 1984, es decir, ocho años antes de
que Melbourne Walker cursara en 1992 una misiva al padre Fernando
Guardia, revelando que Edilberto Del Cid y Juan González,
de los Macho de Monte, participaron en la captura de Gallego.
El documento sobre el INA, permaneció archivado hasta
1997, cuando fue descubierto.
De acuerdo con el testigo, en
horas del medio día de la fecha en que se dio el secuestro
de Gallego, los estudiantes del INA trabajaban en el campo cuando
vieron un helicóptero de la Fuerza Aérea Panameña
(FAP), en el que viajaban el general Omar Torrijos, Gerardo González,
Alvaro Vernaza y Enrique Landau. Este último negó
haber estado en el sitio.
Cuando los estudiantes regresaron
al INA, a eso de las 4:00 p.m., el testigo pudo observar que
en la Dirección del plantel permanecían reunidos
el Ingeniero Richard Pretto, el capitán Edilberto Del
Cid, jefe de los Macho de Monte; Tulio Córdoba y Juan
González, de los Macho de Monte, así como Alvaro
Vernaza y un profesor apellido Zapata.
Tanto Pretto como Córdoba
han negado nexo alguno con lo acontecido al padre Gallego.
El documento con la versión
permaneció un tiempo en las oficinas del Centro de Capacitación
Social, una organización ligada con acciones populares
y después una copia llegó a manos de las más
altas autoridades de la Iglesia Católica panameña,
quienes la consideraron "interesante" y digna de ser
investigada.
En 1984, el Centro de Capacitación
Social convocó a un concurso inspirado en una América
Latina de lucha y esperanza, en el que se establecía el
testimonio como una categoría de los géneros.
El testigo precitado narró
por entonces una historia que adaptó al género
de testimonio, y luego la envió al concurso, bajo el pseudónimo,
"Rtexeir A". El plasmó en su testimonio que
esa noche, junto a dos compañeros (fallecidos al año
del suceso en circunstancias misteriosas), se introdujo furtivamente
en la cocina del colegio.
Lo hicieron con el propósito
de apropiarse de comida, bajo el riesgo de una sanción.
Una vez en el sitio, vieron que a las 4:00 a.m. se aproximaron
dos carros al área, uno de ellos descrito primero por
el testigo anónimo como jeep militar, pero luego como
un jeep color verde y con capota blanca cubierto con una capa
de lodo.
Del jeep descendieron el sargento
primero Juan González (difunto) de los Macho de Monte,
y dos más de esa brigada. Los tres encaminaron sus pasos
hacia otro jeep (cuya descripción no quedó clara)
que se aproximó al área, y en este segundo vehículo,
de acuerdo al testigo, permanecía un señor de nombre
Tulio Córdoba, con otras dos personas.
No tardaron en abrir la puerta
posterior del jeep verde y sucio con lodo, para entonces "jalar"
y "tirar" al suelo a una persona del carro. Esta persona,
según describe la fuente, se mantenía inerme sin
emitir sonido alguno, y además, parecía estar atada,
tanto en las extremidades superiores, como en las inferiores. |