Domingo 26 de septiembre de 1999


Versión de Gallego aterriza en Tocumen

En la década de los ochenta, Melbourne Walker cursó una carta al sacerdote Fernando Guardia involucrando en el caso al jefe de los Macho de Monte, Ediberto Del Cid, en compañía del sargento Juan González.

Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

En tanto la ciencia no determine la identidad de los restos hallados el miércoles, las pistas conducentes a creer que pertenecen a Héctor Gallego, constituyen ladrillos en un muro de especulación. Pero si se confirma la identidad, el testimonio que la despertó, cobrará dimensiones colosales.
El antiguo Cuartel de los Pumas de Tocúmen, área sometida al férreo control de la dictadura militar, pareciera estrechar mayores nexos con las versiones que lo mencionaban como el sitio donde fue llevado el sacerdote, ya sea para hacerle emprender un vuelo sin retorno, o para enterrarlo.

Ahora, 28 años después de la desaparición forzada del presbítero, irrumpe en la escena un testigo clave. No menos de dos ojos escondidos, vieron posiblemente una noche de junio de 1971, a tres personas enterrar a una cuarta en el antiguo Cuartel de Los Pumas.

"Pudieron haber sido tres personas" las que participaron en el entierro de un cuerpo que se presume sería el de Gallego, confió a El Panamá América, en una muy limitada entrevista, el testigo que reveló a la Iglesia Católica sobre hallazgo del miércoles.

"No te estoy diciendo que fueron tres, sino que pudieron haber sido tres personas", contestó la fuente, quien prefirió por el momento no hacer mayores declaraciones, pero sí dejó entrever que pronto estaría dispuesto a hacerlas.

¿QUE VIO ESA NOCHE?
Panamá América logró entrevistar muy limitadamente al testigo ex militar, que por guiño del destino permanecía oculto en el vagón posterior de un pick up, ubicado en el taller cercano al sitio de entierro. El estaba purgando un castigo que sus superiores le había impuesto unos días atrás.

El testigo, quien evitó ser identificado, confirmó lo publicado por este rotativo días atrás, revelando que había sido castigado por sus superiores, en razón de haber averiado un automóvil. La pena consistía en dejar que durmiera a la intemperie durante unos días.

El tercero de esos días, el entrevistado dormía en la parte posterior del vehículo, cuando escuchó (ya en horas de la madrugada de un día que no precisó) que algo se aproximaba. Más tarde pudo ver que se trataba de una ambulancia que pertenecía al Cuartel Los Pumas de Tocumen.

De acuerdo al entrevistado, en ese antiguo Cuartel de Los Pumas, sólo se contaba con dos vehículos que hacían de ambulancia, y apelando a su memoria, reveló que los números de ambos vehículos para emergencias, eran 713, una y 556 la otra.

Oculto bajo una especia de lona en el pick up, el ex miembro de la Guardia Nacional, pudo observar la escena de lo acontecido gracias a que las luces del taller permanecían encendidas, pues siempre estaban así para que el centinela pueda observar que no se lleven una pieza.

"Pude ver cuando estaban enterrando a una persona", dijo. Recordó también que en el sitio había un "centinela" que estaba de turno, a quien se le giró la orden de "cuidar la puerta", sin embargo aseguró desconocer la identidad del mismo.

¿COMO RECORDO EL SITIO?
Cuando los autores del hecho se alejaron del sitio de entierro, el testigo se aseguró de precisar el lugar exacto. Para ello caminó desde una viga del taller, hasta el hoyo sellado con tierra, contando los pasos que tal distancia requería para llegar: "Siete pasos conté", dijo.

Fuentes ligadas a la investigación confiaron que el día de la exhumación se midió la distancia que separaba a la viga premencionada, del sitio en que se descubrió la osamenta, y el resultado arrojó una distancia aproximada de seis metros y algo más.

El testigo confirmó haber participado en la excavación que tuvo lugar el miércoles en las instalaciones del Centro de Capacitación Policial de Tocumen, dadas sus habilidades en la rama de la "arqueología", según hizo saber. "Tomé un curso", precisó.

¿POR QUE AHORA?
Preguntado si alguna vez intentó aproximarse a las autoridades para revelar lo que sabía, contestó que no, y cuando se le inquirió por qué no dijo lo que sabía, durante el juicio, explicó que "todo lo que olía" a uniforme militar, iba preso, y si yo voy a contribuir por una causa no debí ir preso.

No obstante resaltó la motivación "cívica" que lo impulsó para hablar con la Iglesia Católica: El "valor cívico" a donde debíamos llegar se constataba en el esclarecimiento del caso de Héctor Gallego, expresó antes de resaltar que no está confirmando el hallazgo, pero pide que se investigue.

El entrevistado reveló haber contactado a un sacerdote, a quien narró lo que conocía, y por intermedio de él pudo entablar contacto con el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Dimas Cedeño. A éste le hizo saber que no quería una participación directa en el asunto.

Recordó que monseñor le preguntó si podía llamar al Fiscal Auxiliar, Carlos Augusto Herrera, a lo que accedió. Tras los acuerdos, lograron contactarse hasta llegar a la exhumación de los restos el miércoles.

LOS PUMAS DE TOCUMEN
¿Quién estaba a cargo de la Compañía de Los Pumas de Tocumen? Eso fue preguntado por la defensa de Madriñán y Walker, el abogado Ramiro Fonseca, cuando en junio de 1992, pedía datos a los magistrados del Tercer Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial con sede en Penonomé.

¿Qué pedía exactamente? Entre varias pruebas, solicitaba al Ministerio de Gobierno y Justicia, el nombre de las personas que ocupaban el mando de las siguientes Instituciones de la Guardia Nacional para junio de 1971: Cuartel de Tocumen (Pumas) y Fuerza Aérea, también en Tocumen.

En el expediente No. 11 del caso, reposa una carta fechada el 21 de junio de 1993, firmada por el director de Recursos Humanos del Ministerio de Gobierno y Justicia, el mayor Benigno Batista, cursando respuesta a una solicitud de la Magistrada Delia Martínez, del Tribunal Superior de Penonomé.

Dice: "La Cía. LOS PUMAS, fue constituida el 14 de mayo de 1959. Para junio de 1971, se localizaba en el corregimiento de Tocumen. Para esa fecha, la comandaba el capitán RICARDO GARIBALDO FIGUEROA (jubilado el 12 de julio de 1989, con el Rango de Teniente Coronel)".

ESCUELA DE LAS AMERICAS
Examinando algunos archivos de entrenamiento militar en el criticado centro de enseñanza militar de Estados Unidos, la Escuela de Las Américas, se registra que, siendo un soldado raso, el señor Ricardo Garibaldo Figueroa tomó un curso de reparación de armas.

Eso ocurrió entre marzo y junio de 1958. Ya con el rango de subteniente de la Guardia Nacional, Ricardo Garibaldo tomó un curso de Oficial de Infantería de julio a diciembre de 1964, de contrainsurgencia Oper-06 entre marzo y junio de 1966.
Se registra también que entre enero y febrero de 1972, ostentando el rango de Capitán, Garibaldo cursó la disciplina militar de Defensa Interna 0-7, mientras que con el rango de Mayor, estuvo en un curso de Inf Off Adv 0-1 entre junio y diciembre de 1975.

EL EXTRAÑO TOMO 12
En el Tomo 12 de las sumarias existe otra correspondencia, fechada el 12 de julio de 1993, esta vez cursada por el Director Administrativo de Gobierno y Justicia, Rafael Escorcia, a la Magistrada Sustanciadora del Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial en la Provincia de Coclé. En ella se revelan mayores detalles del Cuartel de Tocumen. Estaba a cargo del mismo, Ricardo Garibaldo Figueroa, con cédula 8-85-82, con el rango de capitán. El fue trasladado a Tocumen el 5 de agosto de 1970 y posteriormente fue trasladado a Bocas del Toro el 26 de noviembre de 1972. En esta misma respuesta se incluía que a cargo de la Fuerza Aérea ubicada en Tocúmen, estaba Alberto Lorenzo Purcell Dusaire, con cédula 8-177-1000, con el cargo de Comandante de la Fuerza Aérea Panameña, y con el rango de capitán. Para ese año (1993) estaba "de baja" como Coronel.

Esas peticiones de la defensa de Walker y Madriñán en las sumarias, arrojan interrogantes aún por saldar: ¿Qué motivó a los militares dejar la impresión de saber algo acerca de unas pistas que conducían a donde el pasado miércoles de registró el hallazgo? ¿Por qué no se investigaron?

Esto se le preguntó el sábado al Fiscal Carlos Augusto Herrera, cuando se le mencionó acerca de las peticiones del Tomo 12, y el funcionario respondió: "¿Pero en qué parte de Tocumen? Es muy bonito hablar de Tocumen", pero hay que especificar.

"Nosotros estuvimos en Tocumen y estuvimos viendo los lugares donde supuestamente se decía que se había enterrado", explicó antes de ironizar: "Decir Tocumen es ...¿qué íbamos a hacer? ¿podar todo Tocumen. Si ellos saben o alguien sabe, que lo diga".

Una noticia publicada en 1994 por Panamá América, firmada por Juan Pirtsiolas dice: "De acuerdo al militar [Nivaldo Madriñán], en el tomo 12 de las sumarias sobre el caso Gallego reposan las "pistas y vestigios necesarios para llegar a los responsables materiales e intelectuales de éste crimen".

Nuevamente ayer se intentó obtener una versión de la defensa de Madriñán pero no se logró.

Otro periodista, esta vez del diario El Siglo, Blas Julio, llegó a entrevistar en la cárcel a Nivaldo Madriñán, y rotuló en ese cotidiano el 12 de junio de 1996: "Gallego fue enterrado en Tocumen", asegura Madriñán, quien fuera citado en otras versiones periodísticas afirmando algo similar.

Al final de ésta versión precitada se dice: "Por último, Nivaldo Madriñán, asegura tener conocimiento de que se pusieron nerviosos los encargados del cura y decidieron enterrarlo en una fosa común que se encontraba detrás del citado Cuartel [Los Pumas de Tocumen] que era utilizada para enterrar osamentas del ganado que se mataba para alimentar a las tropas".



PORTADA

El entrevistado reveló haber contactado a un sacerdote, a quien narró lo que conocía, y por intermedio de él pudo entablar contacto con el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Dimas Cedeño. A éste le hizo saber que no quería una participación directa en el asunto.
 

e-mail

Home

 

 

.............................................................................................................................

VOLVER ARRIBA

VOLVER ATRAS


 Copyright 1995-1999, Derechos Reservados, Editora Panamá América, S.A., EPASA