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Versión
de Gallego aterriza en Tocumen
En
la década de los ochenta, Melbourne Walker cursó
una carta al sacerdote Fernando Guardia involucrando en el caso
al jefe de los Macho de Monte, Ediberto Del Cid, en compañía
del sargento Juan González.
Rafael
Pérez Jaramillo
El Panamá América

En tanto la ciencia no determine la identidad de
los restos hallados el miércoles, las pistas conducentes
a creer que pertenecen a Héctor Gallego, constituyen ladrillos
en un muro de especulación. Pero si se confirma la identidad,
el testimonio que la despertó, cobrará dimensiones
colosales.
El antiguo Cuartel de los Pumas de Tocúmen, área
sometida al férreo control de la dictadura militar, pareciera
estrechar mayores nexos con las versiones que lo mencionaban
como el sitio donde fue llevado el sacerdote, ya sea para hacerle
emprender un vuelo sin retorno, o para enterrarlo.
Ahora, 28 años después
de la desaparición forzada del presbítero, irrumpe
en la escena un testigo clave. No menos de dos ojos escondidos,
vieron posiblemente una noche de junio de 1971, a tres personas
enterrar a una cuarta en el antiguo Cuartel de Los Pumas.
"Pudieron haber sido tres
personas" las que participaron en el entierro de un cuerpo
que se presume sería el de Gallego, confió a El
Panamá América, en una muy limitada entrevista,
el testigo que reveló a la Iglesia Católica sobre
hallazgo del miércoles.
"No te estoy diciendo que
fueron tres, sino que pudieron haber sido tres personas",
contestó la fuente, quien prefirió por el momento
no hacer mayores declaraciones, pero sí dejó entrever
que pronto estaría dispuesto a hacerlas.
¿QUE VIO ESA NOCHE?
Panamá América logró entrevistar muy limitadamente
al testigo ex militar, que por guiño del destino permanecía
oculto en el vagón posterior de un pick up, ubicado en
el taller cercano al sitio de entierro. El estaba purgando un
castigo que sus superiores le había impuesto unos días
atrás.
El testigo, quien evitó
ser identificado, confirmó lo publicado por este rotativo
días atrás, revelando que había sido castigado
por sus superiores, en razón de haber averiado un automóvil.
La pena consistía en dejar que durmiera a la intemperie
durante unos días.
El tercero de esos días,
el entrevistado dormía en la parte posterior del vehículo,
cuando escuchó (ya en horas de la madrugada de un día
que no precisó) que algo se aproximaba. Más tarde
pudo ver que se trataba de una ambulancia que pertenecía
al Cuartel Los Pumas de Tocumen.
De acuerdo al entrevistado, en
ese antiguo Cuartel de Los Pumas, sólo se contaba con
dos vehículos que hacían de ambulancia, y apelando
a su memoria, reveló que los números de ambos vehículos
para emergencias, eran 713, una y 556 la otra.
Oculto bajo una especia de lona
en el pick up, el ex miembro de la Guardia Nacional, pudo observar
la escena de lo acontecido gracias a que las luces del taller
permanecían encendidas, pues siempre estaban así
para que el centinela pueda observar que no se lleven una pieza.
"Pude ver cuando estaban
enterrando a una persona", dijo. Recordó también
que en el sitio había un "centinela" que estaba
de turno, a quien se le giró la orden de "cuidar
la puerta", sin embargo aseguró desconocer la identidad
del mismo.
¿COMO RECORDO EL SITIO?
Cuando los autores del hecho se alejaron del sitio de entierro,
el testigo se aseguró de precisar el lugar exacto. Para
ello caminó desde una viga del taller, hasta el hoyo sellado
con tierra, contando los pasos que tal distancia requería
para llegar: "Siete pasos conté", dijo.
Fuentes ligadas a la investigación
confiaron que el día de la exhumación se midió
la distancia que separaba a la viga premencionada, del sitio
en que se descubrió la osamenta, y el resultado arrojó
una distancia aproximada de seis metros y algo más.
El testigo confirmó haber
participado en la excavación que tuvo lugar el miércoles
en las instalaciones del Centro de Capacitación Policial
de Tocumen, dadas sus habilidades en la rama de la "arqueología",
según hizo saber. "Tomé un curso", precisó.
¿POR QUE AHORA?
Preguntado si alguna vez intentó aproximarse a las autoridades
para revelar lo que sabía, contestó que no, y cuando
se le inquirió por qué no dijo lo que sabía,
durante el juicio, explicó que "todo lo que olía"
a uniforme militar, iba preso, y si yo voy a contribuir por una
causa no debí ir preso.
No obstante resaltó la
motivación "cívica" que lo impulsó
para hablar con la Iglesia Católica: El "valor cívico"
a donde debíamos llegar se constataba en el esclarecimiento
del caso de Héctor Gallego, expresó antes de resaltar
que no está confirmando el hallazgo, pero pide que se
investigue.
El entrevistado reveló
haber contactado a un sacerdote, a quien narró lo que
conocía, y por intermedio de él pudo entablar contacto
con el Arzobispo de Panamá, Monseñor José
Dimas Cedeño. A éste le hizo saber que no quería
una participación directa en el asunto.
Recordó que monseñor
le preguntó si podía llamar al Fiscal Auxiliar,
Carlos Augusto Herrera, a lo que accedió. Tras los acuerdos,
lograron contactarse hasta llegar a la exhumación de los
restos el miércoles.
LOS PUMAS DE TOCUMEN
¿Quién estaba a cargo de la Compañía
de Los Pumas de Tocumen? Eso fue preguntado por la defensa de
Madriñán y Walker, el abogado Ramiro Fonseca, cuando
en junio de 1992, pedía datos a los magistrados del Tercer
Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial con sede en Penonomé.
¿Qué pedía
exactamente? Entre varias pruebas, solicitaba al Ministerio de
Gobierno y Justicia, el nombre de las personas que ocupaban el
mando de las siguientes Instituciones de la Guardia Nacional
para junio de 1971: Cuartel de Tocumen (Pumas) y Fuerza Aérea,
también en Tocumen.
En el expediente No. 11 del caso,
reposa una carta fechada el 21 de junio de 1993, firmada por
el director de Recursos Humanos del Ministerio de Gobierno y
Justicia, el mayor Benigno Batista, cursando respuesta a una
solicitud de la Magistrada Delia Martínez, del Tribunal
Superior de Penonomé.
Dice: "La Cía. LOS
PUMAS, fue constituida el 14 de mayo de 1959. Para junio de 1971,
se localizaba en el corregimiento de Tocumen. Para esa fecha,
la comandaba el capitán RICARDO GARIBALDO FIGUEROA (jubilado
el 12 de julio de 1989, con el Rango de Teniente Coronel)".
ESCUELA DE LAS AMERICAS
Examinando algunos archivos de entrenamiento militar en el criticado
centro de enseñanza militar de Estados Unidos, la Escuela
de Las Américas, se registra que, siendo un soldado raso,
el señor Ricardo Garibaldo Figueroa tomó un curso
de reparación de armas.
Eso ocurrió entre marzo
y junio de 1958. Ya con el rango de subteniente de la Guardia
Nacional, Ricardo Garibaldo tomó un curso de Oficial de
Infantería de julio a diciembre de 1964, de contrainsurgencia
Oper-06 entre marzo y junio de 1966.
Se registra también que entre enero y febrero de 1972,
ostentando el rango de Capitán, Garibaldo cursó
la disciplina militar de Defensa Interna 0-7, mientras que con
el rango de Mayor, estuvo en un curso de Inf Off Adv 0-1 entre
junio y diciembre de 1975.
EL EXTRAÑO TOMO 12
En el Tomo 12 de las sumarias existe otra correspondencia, fechada
el 12 de julio de 1993, esta vez cursada por el Director Administrativo
de Gobierno y Justicia, Rafael Escorcia, a la Magistrada Sustanciadora
del Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial en la Provincia
de Coclé. En ella se revelan mayores detalles del Cuartel
de Tocumen. Estaba a cargo del mismo, Ricardo Garibaldo Figueroa,
con cédula 8-85-82, con el rango de capitán. El
fue trasladado a Tocumen el 5 de agosto de 1970 y posteriormente
fue trasladado a Bocas del Toro el 26 de noviembre de 1972. En
esta misma respuesta se incluía que a cargo de la Fuerza
Aérea ubicada en Tocúmen, estaba Alberto Lorenzo
Purcell Dusaire, con cédula 8-177-1000, con el cargo de
Comandante de la Fuerza Aérea Panameña, y con el
rango de capitán. Para ese año (1993) estaba "de
baja" como Coronel.
Esas peticiones de la defensa
de Walker y Madriñán en las sumarias, arrojan interrogantes
aún por saldar: ¿Qué motivó a los
militares dejar la impresión de saber algo acerca de unas
pistas que conducían a donde el pasado miércoles
de registró el hallazgo? ¿Por qué no se
investigaron?
Esto se le preguntó el
sábado al Fiscal Carlos Augusto Herrera, cuando se le
mencionó acerca de las peticiones del Tomo 12, y el funcionario
respondió: "¿Pero en qué parte de Tocumen?
Es muy bonito hablar de Tocumen", pero hay que especificar.
"Nosotros estuvimos en Tocumen
y estuvimos viendo los lugares donde supuestamente se decía
que se había enterrado", explicó antes de
ironizar: "Decir Tocumen es ...¿qué íbamos
a hacer? ¿podar todo Tocumen. Si ellos saben o alguien
sabe, que lo diga".
Una noticia publicada en 1994
por Panamá América, firmada por Juan Pirtsiolas
dice: "De acuerdo al militar [Nivaldo Madriñán],
en el tomo 12 de las sumarias sobre el caso Gallego reposan las
"pistas y vestigios necesarios para llegar a los responsables
materiales e intelectuales de éste crimen".
Nuevamente ayer se intentó
obtener una versión de la defensa de Madriñán
pero no se logró.
Otro periodista, esta vez del
diario El Siglo, Blas Julio, llegó a entrevistar en la
cárcel a Nivaldo Madriñán, y rotuló
en ese cotidiano el 12 de junio de 1996: "Gallego fue enterrado
en Tocumen", asegura Madriñán, quien fuera
citado en otras versiones periodísticas afirmando algo
similar.
Al final de ésta versión
precitada se dice: "Por último, Nivaldo Madriñán,
asegura tener conocimiento de que se pusieron nerviosos los encargados
del cura y decidieron enterrarlo en una fosa común que
se encontraba detrás del citado Cuartel [Los Pumas de
Tocumen] que era utilizada para enterrar osamentas del ganado
que se mataba para alimentar a las tropas". |