Domingo 26 de septiembre de 1999


Testigo vio a tres enterrar presuntos restos de Gallego

Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

"Pudieron haber sido tres personas" las que participaron en el entierro de un cuerpo que se presume sea del sacerdote colombiano Héctor Gallego, confió ayer a El Panamá América, el testigo que reveló a la Iglesia Católica el hallazgo del miércoles en el antiguo cuartel de Los Pumas de Tocumen.

"No te estoy diciendo que fueron tres, sino que pudieron haber sido tres personas", contestó con cautela el exmiembro de la Guardia Nacional, quien prefirió por el momento no hacer mayores declaraciones al respecto, pero dejó entrever que pronto estaría dispuesto a hacerlas.
"Si usted quiere divulgar una noticia puede hacerlo", instruyó el entrevistado haciendo saber que por el momento deseaba que su nombre o sus generales, no fueran reveladas.

El testigo confirmó lo publicado por este rotativo días atrás, revelando que había sido castigado (se le impuso un cuadro) por sus superiores, en razón de haber averiado un automóvil. La pena consistía en dejar que durmiera a la intemperie durante unos días.

El tercero de esos días, el entrevistado dormía en la parte posterior del vehículo, cuando escuchó (ya en horas de la madrugada de una fecha que no precisó) que algo se aproximaba. Más tarde pudo ver que se trataba de una ambulancia que pertenecía al cuartel de Los Pumas de Tocumen.

De acuerdo al exmilitar, en ese antiguo cuartel, sólo se contaba con dos vehículos que hacían de ambulancia, y apelando a su memoria, reveló que los números de ambos motorizados para emergencias, correspondían al 713, uno, y al 556, el otro.

Castigado y oculto bajo una especie de lona en un pick up, el ex militar, pudo observar la escena de lo acontecido gracias a que las luces del taller permanecían encendidas, pues siempre estaban activadas para que el centinela pudiera vigilar que no se hurtaran alguna pieza.

"Pude ver cuando estaban enterrando a una persona", dijo el ex miembro de la Guardia Nacional, y recordó también que en el sitio permanecía un "centinela" que cumplía con su turno, a quien se le giró la orden de "cuidar la puerta", sin embargo aseguró desconocer su identidad.

Preguntado si era cierto que identificó a dos militares en el sitio, el testigo se limitó a responder que él "no ha acusado a nadie" y que eso es algo que "ustedes" deben investigar, pues "ese no es mi problema", porque entonces "sí me estaría metiendo en problemas".

Cuando los enterradores se marcharon del sitio, el testigo se aseguró de precisar el lugar exacto, para lo cual encaminó sus pisadas desde una viga del taller, hasta la improvisada tumba, contando los pasos que tal distancia requería para llegar: "Siete pasos conté", dijo.

Fuentes ligadas a la investigación confiaron la semana pasada que el día de la exhumación se midió la distancia que separaba a la viga premencionada, del sitio en que se descubrió la osamenta, y el resultado arrojó una distancia aproximada de seis metros y algo más.

Preguntado si alguna vez intentó aproximarse a las autoridades para revelar lo que sabía, contestó que no, y cuando se le inquirió por qué no dijo lo que conocía durante el juicio, explicó que "todo lo que olía" a uniforme militar, iba preso, y si él iba a contribuir con una causa no debía ser recluido.

No obstante, resaltó la motivación "cívica" que lo impulsó para hablar con la Iglesia Católica: El "valor cívico" se constata en el esclarecimiento del caso de Héctor Gallego, expresó, antes de resaltar que no está confirmando el hallazgo, pero sí pide que se investigue.

Reveló haber contactado a un sacerdote, a quien narró lo que conocía, y por intermedio de él pudo entablar contacto con el arzobispo de Panamá, monseñor José Dimas Cedeño. A éste le hizo saber que no quería una participación directa en el asunto.

Recordó que monseñor le preguntó si podía llamar al fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera, a lo que accedió. Tras los acuerdos, lograron establecer contacto, hasta llegar a la exhumación de los restos el miércoles.



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"Pude ver cuando estaban enterrando a una persona", dijo el ex miembro de la Guardia Nacional, y recordó también que en el sitio permanecía un "centinela" que cumplía con su turno, a quien se le giró la orden de "cuidar la puerta", sin embargo aseguró desconocer su identidad.
 

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