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¿Romperán
el silencio sobre Gallego?
Una
versión de prensa con fecha de junio de 1996, citaba a
Nivaldo Madriñán revelando desde la cárcel
que, en un mal estado físico, Héctor Gallego fue
conducido a un cuartel que funcionaba en Tocumen.
Rafael
Pérez Jaramillo
El Panamá América

Si se constata que la osamenta hallada en Tocumen,
pertenece al malogrado sacerdote Héctor Gallego, los dos
ex miembros de la seguridad estatal que aún purgan sendas
condenas por el caso, podrían quedar varados en un atolladero
mayor si no revelan todo lo que saben. ¿Por qué?
Sin éxito, se intentó contactar anoche a Ramiro
Fonseca. No obstante el abogado expresó en un medio, que
están a la espera de confirmar si los restos corresponden
a los de Gallego, para que se reconozca un "error procesal"
cuando se ha comprobado que todos los condenados "son inocentes".
Pese a ello, queda la duda acerca
de un cúmulo de peticiones gestionadas por este abogado
de Melbourne Walker y Nivaldo Madriñan en el juicio por
Gallego. Tales solicitudes dejan entrever que el hallazgo en
Tocumen, era balbuceado por ellos antes de la audiencia, pero
sin mucho afán.
Por el "homicidio",
de Héctor Gallego, y tras el juicio que se inició
el 26 de octubre de 1993, fueron hallados culpables el 21 de
noviembre del mismo año, Melbourne Walker, Eugenio Magallón
(actualmente prófugo) y Nivaldo Madriñán,
mientras que el 29 de abril Oscar Agrazal fue absuelto.
Héctor Gallego nació
el 7 de enero de 1938 en Colombia, y era el mayor de 11 hijos
de una familia campesina. A los 27 años de edad se interesó
por viajar a Panamá, donde se trenzó con los padecimientos
del campesino en la depauperada población de Santa Fe.
Esta cooperativa, llamada "Esperanza
de los Campesinos", fue creada en mayo de 1968, y según
los términos del propio sacerdote Gallego, los campesinos
encontraron en ella, la oportunidad de "liberarse"
tanto de la opresión política como de la económica
de las que eran objeto.
El singular sacerdote fue secuestrado
la noche del miércoles 9 de junio de 1971, en la comunidad
campesina veragüense de Santa Fe, donde había impulsado
la organización de los campesinos en la Cooperativa, hecho
que le granjeó la animadversión de poderosos dueños
de negocios del área.
Versiones sobre el hecho pulularon. Iban desde el entierro del
sacerdote en distintos sitios, hasta el despojo de su cadáver
desde un helicóptero o avión, en las entrañas
del océano. Una de las versiones que se manejó,
precisamente condujo al sitio donde el miércoles fueron
halladas unas osamentas.
Ayer jueves, el abogado Ramiro
Fonseca, declaró ante medios radiales algo relativo a
lo que ocurrió, y se remitió al "Tomo 12"
de las sumarias del caso, especie que un lustro atrás,
Nivaldo Madriñan, su cliente, había mencionado,
según fue citado en un medio de prensa.
"De acuerdo al militar,
en el tomo 12 de las sumarias sobre el caso Gallego, reposan
las 'pistas y vestigios necesarios para llegar a los responsables
materiales e intelectuales' de ese crimen", fue lo que se
citó de Madriñan en una publicación fechada
el 10 de enero de 1994.
¿Qué pistas son
esas? El curioso tomo 12 contiene una solicitud de práctica
de pruebas testimoniales y documentales, hecha por Fonseca, que
incluían, entre otros testimonios, el de Edilberto Del
Cid, quien fungiera en 1971 como jefe de la Compañía
de confianza de Torrijos, Los Macho de Monte.
Pidió además, que
se elevara una solicitud al Ministerio de Gobierno y Justicia
y a la Dirección de la Fuerza Pública, de una nota
de estilo en virtud de la cual se pidiera el historial del teniente
Juan González (q.e.p.d.) "quien prestó servicios
en la División Machos de Monte".
Hay más. Entre las pruebas
documentales, que luego se resolvió admitir, figuraban
"el nombre de las personas que ocupaban el mando de las
siguientes instituciones de la Guardia Nacional para la fecha
de junio de 1971: a) Cuartel de Tocumen (Pumas)" y b) Fuerza
Aérea, también ubicada en Tocumen.
En atención a las peticiones
el Ministerio de Gobierno y Justicia respondió dando las
señas de Juan González de los Macho de Monte, y
registró que el Cuartel de Tocumen (Pumas) estaba a cargo
del capitán Ricardo Garibaldo, quien fue trasladado a
Tocumen el 5 de agosto de 1970.
La segunda compañía
de Infantería aerotransportada conocida como Los Pumas
de Tocumen estuvo ubicada en el sector viejo del aeropuerto de
Tocumen, donde el miércoles se hallaron los presuntos
restos del sacerdote. Una fuente dijo que adjunto al sitio, funcionaba
un taller en los setenta.
La versión de los restos
enterrados en Tocumen también tiene antecedentes registrados
en la prensa. Una noticia fechada en junio de 1992, revela que
el fiscal Carlos Herrera, dijo tener informes sobre la existencia
de una fosa común en las instalaciones del Servicio Aéreo
Nacional en Tocumen .
Otra fuente, cuya identidad se guardó, citada por la misma
versión de prensa, dijo que los datos mencionados por
Herrera, habían sido suministrados por un oficial activo
de la Fuerza Pública, pero éste posteriormente
evitó brindar más detalles argumentando razones
de seguridad.
Otra versión de prensa,
rubricada por Blas Julio, esta vez fechada en junio de 1996,
citaba a Nivaldo Madriñán revelando desde la cárcel
que, en un mal estado físico, Héctor Gallego fue
conducido a un cuartel que funcionaba en Tocumen (Los Pumas),
donde el sacerdote expiró.
Volviendo a lo peticionado en
el Tomo 12, se sabe que reposa en los expedientes del caso un
desestimiento de pruebas testimoniales entre las que se incluye
el de Edilberto Del Cid, de quien también había
solicitado diligencias de reconocimientos fotográficos.
¿Por qué tal desestimiento? Se desconoce.
Edilberto Del Cid, fungía
para la fecha del secuestro, al frente de la Compañía
Macho de Monte, y la petición para desistir su testimonio
fue formulada por Ramiro Fonseca, el abogado de los imputados,
Melbourne Walker y Nivaldo Madriñán.
Un documento archivado desde
mediados de los ochenta, registraba el testimonio de un testigo
que aseguró haber visto en el Instituto Nacional de Agricultura
(INA) a las 4 de la tarde del día en que secuestraron
a Gallego, al capitán Edilberto Del Cid.
Reveló además haber
visto al sargento Juan González, también de los
Macho de Monte, en horas de la madrugada cuando, junto a otros
allegados al régimen militar transportaban un cuerpo que
viajó en un jeep similar al descrito por quienes presenciaron
el secuestro de Gallego en Santa Fe.
Casi siete años después,
y sin conocer el prealudido documento de los ochenta, el señor
Melbourne Walker cursó una carta al sacerdote Fernando
Guardia involucrando en el caso al jefe de los Macho de Monte,
Edilberto Del Cid, en compañía del sargento Juan
González.
La tardía confesión
(si se considera que Walker había rendido declaraciones
juradas en las que no habló de ello) fue luego mencionada
por un abogado de la Iglesia Católica, ante el caso Gallego,
como un argumento encaminado a demostrar que había resistencia
por hablar lo que se sabía.
El abogado mencionó que en una declaración jurada,
fechada en 1971, Walker fue preguntado: "Diga el declarante
si usted ha obtenido alguna información que permita identificar
al autor, cómplices, y encubridores de la desaparición
del sacerdote Héctor Gallegos". A ello respondió:
"No tengo ninguna información solo he oído
decir lo que dicen los periódicos y la televisión".
¿Romperán el silencio los que saben? |
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PORTADA
La
versión de los restos enterrados en Tocumen también
tiene antecedentes registrados en la prensa. Una noticia fechada
en junio de 1992, revela que el fiscal Carlos Herrera, dijo tener
informes sobre la existencia de una fosa común en las
instalaciones del Servicio Aéreo Nacional en Tocumen .
Otra fuente, cuya identidad se guardó, citada por la misma
versión de prensa, dijo que los datos mencionados por
Herrera, habían sido suministrados por un oficial activo
de la Fuerza Pública, pero éste posteriormente
evitó brindar más detalles argumentando razones
de seguridad. |
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