Viernes 24 de septiembre de 1999


¿Romperán el silencio sobre Gallego?

Una versión de prensa con fecha de junio de 1996, citaba a Nivaldo Madriñán revelando desde la cárcel que, en un mal estado físico, Héctor Gallego fue conducido a un cuartel que funcionaba en Tocumen.

Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

Si se constata que la osamenta hallada en Tocumen, pertenece al malogrado sacerdote Héctor Gallego, los dos ex miembros de la seguridad estatal que aún purgan sendas condenas por el caso, podrían quedar varados en un atolladero mayor si no revelan todo lo que saben. ¿Por qué?
Sin éxito, se intentó contactar anoche a Ramiro Fonseca. No obstante el abogado expresó en un medio, que están a la espera de confirmar si los restos corresponden a los de Gallego, para que se reconozca un "error procesal" cuando se ha comprobado que todos los condenados "son inocentes".

Pese a ello, queda la duda acerca de un cúmulo de peticiones gestionadas por este abogado de Melbourne Walker y Nivaldo Madriñan en el juicio por Gallego. Tales solicitudes dejan entrever que el hallazgo en Tocumen, era balbuceado por ellos antes de la audiencia, pero sin mucho afán.

Por el "homicidio", de Héctor Gallego, y tras el juicio que se inició el 26 de octubre de 1993, fueron hallados culpables el 21 de noviembre del mismo año, Melbourne Walker, Eugenio Magallón (actualmente prófugo) y Nivaldo Madriñán, mientras que el 29 de abril Oscar Agrazal fue absuelto.

Héctor Gallego nació el 7 de enero de 1938 en Colombia, y era el mayor de 11 hijos de una familia campesina. A los 27 años de edad se interesó por viajar a Panamá, donde se trenzó con los padecimientos del campesino en la depauperada población de Santa Fe.

Esta cooperativa, llamada "Esperanza de los Campesinos", fue creada en mayo de 1968, y según los términos del propio sacerdote Gallego, los campesinos encontraron en ella, la oportunidad de "liberarse" tanto de la opresión política como de la económica de las que eran objeto.

El singular sacerdote fue secuestrado la noche del miércoles 9 de junio de 1971, en la comunidad campesina veragüense de Santa Fe, donde había impulsado la organización de los campesinos en la Cooperativa, hecho que le granjeó la animadversión de poderosos dueños de negocios del área.
Versiones sobre el hecho pulularon. Iban desde el entierro del sacerdote en distintos sitios, hasta el despojo de su cadáver desde un helicóptero o avión, en las entrañas del océano. Una de las versiones que se manejó, precisamente condujo al sitio donde el miércoles fueron halladas unas osamentas.

Ayer jueves, el abogado Ramiro Fonseca, declaró ante medios radiales algo relativo a lo que ocurrió, y se remitió al "Tomo 12" de las sumarias del caso, especie que un lustro atrás, Nivaldo Madriñan, su cliente, había mencionado, según fue citado en un medio de prensa.

"De acuerdo al militar, en el tomo 12 de las sumarias sobre el caso Gallego, reposan las 'pistas y vestigios necesarios para llegar a los responsables materiales e intelectuales' de ese crimen", fue lo que se citó de Madriñan en una publicación fechada el 10 de enero de 1994.

¿Qué pistas son esas? El curioso tomo 12 contiene una solicitud de práctica de pruebas testimoniales y documentales, hecha por Fonseca, que incluían, entre otros testimonios, el de Edilberto Del Cid, quien fungiera en 1971 como jefe de la Compañía de confianza de Torrijos, Los Macho de Monte.

Pidió además, que se elevara una solicitud al Ministerio de Gobierno y Justicia y a la Dirección de la Fuerza Pública, de una nota de estilo en virtud de la cual se pidiera el historial del teniente Juan González (q.e.p.d.) "quien prestó servicios en la División Machos de Monte".

Hay más. Entre las pruebas documentales, que luego se resolvió admitir, figuraban "el nombre de las personas que ocupaban el mando de las siguientes instituciones de la Guardia Nacional para la fecha de junio de 1971: a) Cuartel de Tocumen (Pumas)" y b) Fuerza Aérea, también ubicada en Tocumen.

En atención a las peticiones el Ministerio de Gobierno y Justicia respondió dando las señas de Juan González de los Macho de Monte, y registró que el Cuartel de Tocumen (Pumas) estaba a cargo del capitán Ricardo Garibaldo, quien fue trasladado a Tocumen el 5 de agosto de 1970.

La segunda compañía de Infantería aerotransportada conocida como Los Pumas de Tocumen estuvo ubicada en el sector viejo del aeropuerto de Tocumen, donde el miércoles se hallaron los presuntos restos del sacerdote. Una fuente dijo que adjunto al sitio, funcionaba un taller en los setenta.

La versión de los restos enterrados en Tocumen también tiene antecedentes registrados en la prensa. Una noticia fechada en junio de 1992, revela que el fiscal Carlos Herrera, dijo tener informes sobre la existencia de una fosa común en las instalaciones del Servicio Aéreo Nacional en Tocumen .
Otra fuente, cuya identidad se guardó, citada por la misma versión de prensa, dijo que los datos mencionados por Herrera, habían sido suministrados por un oficial activo de la Fuerza Pública, pero éste posteriormente evitó brindar más detalles argumentando razones de seguridad.

Otra versión de prensa, rubricada por Blas Julio, esta vez fechada en junio de 1996, citaba a Nivaldo Madriñán revelando desde la cárcel que, en un mal estado físico, Héctor Gallego fue conducido a un cuartel que funcionaba en Tocumen (Los Pumas), donde el sacerdote expiró.

Volviendo a lo peticionado en el Tomo 12, se sabe que reposa en los expedientes del caso un desestimiento de pruebas testimoniales entre las que se incluye el de Edilberto Del Cid, de quien también había solicitado diligencias de reconocimientos fotográficos. ¿Por qué tal desestimiento? Se desconoce.

Edilberto Del Cid, fungía para la fecha del secuestro, al frente de la Compañía Macho de Monte, y la petición para desistir su testimonio fue formulada por Ramiro Fonseca, el abogado de los imputados, Melbourne Walker y Nivaldo Madriñán.

Un documento archivado desde mediados de los ochenta, registraba el testimonio de un testigo que aseguró haber visto en el Instituto Nacional de Agricultura (INA) a las 4 de la tarde del día en que secuestraron a Gallego, al capitán Edilberto Del Cid.

Reveló además haber visto al sargento Juan González, también de los Macho de Monte, en horas de la madrugada cuando, junto a otros allegados al régimen militar transportaban un cuerpo que viajó en un jeep similar al descrito por quienes presenciaron el secuestro de Gallego en Santa Fe.

Casi siete años después, y sin conocer el prealudido documento de los ochenta, el señor Melbourne Walker cursó una carta al sacerdote Fernando Guardia involucrando en el caso al jefe de los Macho de Monte, Edilberto Del Cid, en compañía del sargento Juan González.

La tardía confesión (si se considera que Walker había rendido declaraciones juradas en las que no habló de ello) fue luego mencionada por un abogado de la Iglesia Católica, ante el caso Gallego, como un argumento encaminado a demostrar que había resistencia por hablar lo que se sabía.
El abogado mencionó que en una declaración jurada, fechada en 1971, Walker fue preguntado: "Diga el declarante si usted ha obtenido alguna información que permita identificar al autor, cómplices, y encubridores de la desaparición del sacerdote Héctor Gallegos". A ello respondió: "No tengo ninguna información solo he oído decir lo que dicen los periódicos y la televisión".
¿Romperán el silencio los que saben?



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La versión de los restos enterrados en Tocumen también tiene antecedentes registrados en la prensa. Una noticia fechada en junio de 1992, revela que el fiscal Carlos Herrera, dijo tener informes sobre la existencia de una fosa común en las instalaciones del Servicio Aéreo Nacional en Tocumen .
Otra fuente, cuya identidad se guardó, citada por la misma versión de prensa, dijo que los datos mencionados por Herrera, habían sido suministrados por un oficial activo de la Fuerza Pública, pero éste posteriormente evitó brindar más detalles argumentando razones de seguridad.
 

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