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Héctor Gallego, te seguimos buscando hasta el final
Rafael
Pérez Jaramillo
Periodista

Hay "indicios fuertes" que determinan
que la osamenta hallada en Tocumen corresponde a la de Héctor
Gallego. Me pregunto si los comentaristas radiales afectos a
la dictadura, que con tanta pompa hablan hoy del manejo de la
información, consideran irresponsable publicar en la primera
plana de un diario, la frase que antecede. Si es así se
lo deberán decir al arzobispo de Panamá, Monseñor
Dimas Cedeño. Cuando el Arzobispo dijo eso, ya habían
transcurrido cuatro días desde que también dijo
ante los medios, que hacía meses se había presentado
una persona revelándole indicios que conducían
a creer que posiblemente los restos enterrados en Tocumen correspondían
a los de Héctor Gallego. ¿Era una irresponsabilidad
publicar esas declaraciones? Claro que no. Pero si algunos papagallos
matinales creen que la Iglesia era irresponsable, entonces que
lo digan. Pero si no, entonces expliquen cómo pueden censurar
el que un periodista se las ingenie para dar con ese testigo
y dé a conocer a la ciudadanía lo que él
había revelado a la Iglesia. A partir de esa revelación
se generó en Panamá una duda razonable. Esto fue
lo que mantuvo en vilo durante semanas a la ciudadanía,
en espera de confirmar si se trataban o no de los restos del
asesinado Héctor Gallego.
La Iglesia Católica, las
hermanas del sacerdote, las autoridades judiciales y la población,
en general, mantuvieron grandes esperanzas (truncadas décadas
atrás, por los militares y sus defensores que hoy hablan
en radio) de conocer la verdad en base a un testigo que dijo
creer (no asegurar) que se trataba del padre Gallego. Ese testigo
confió a la Iglesia Católica un secreto que conllevó
a algo que era verdad: Allí había un cuerpo enterrado.
La revelación fue acompañada
por una historia, que este servidor como periodista se las agenció
para conocer, y por tanto retransmitir a la ciudadanía,
que tenía todo el derecho de saberla. ¿Qué
hubiera hecho alguno de los periodistas de la dictadura? Lo que
siempre hicieron: ocultar la información por un lado,
y defender a los criminales por el otro.
Lo que nos ha dicho ahora la
prueba del ADN es que no se trata de los restos de Héctor.
Pero esa prueba de ninguna manera nos podría hacer bajar
la guardia en seguir insistiendo en que se investiguen los crímenes
del militarismo, con su respectiva secuela de desaparecidos y
asesinados. No hay que bajar la guardia para saber la verdad.
La guardia que siempre hubo que bajar para saber la verdad, era
la Guardia Nacional. Ningún comentarista radial puede
negar que las más altas jefaturas de ese cuerpo armado
fueron las responsables, primero de la desaparición de
Héctor Gallego, y segundo de que los hechos de tal crimen
no se conocieran. Así lo dijo la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos de la OEA en 1978: "El gobierno de Panamá
no efectuó una investigación imparcial y exhaustiva"
del caso Gallego. Lo que dice la OEA atribuye a Omar Torrijos
algo más que una responsabilidad histórica por
la desaparición de Héctor Gallego ¿No?.
Hay un militar por allí que decía que la responsabilidad
estaba en las autoridades civiles de la época. La misma
Comisión de la OEA precitada, dijo que el hecho que el
gobierno de ese entonces no hubiese practicado una investigación
imparcial "pone de manifiesto [...] la subordinación
de los funcionarios judiciales y del Ministerio Público
a los jefes militares....". ¿No veneraban los comentaristas
radiales de hoy a Torrijos como el máximo líder
de la revolución y por tanto el mayor jefe militar? Entonces
¿Cómo pueden asegurar que publicar las versiones
donde incriminan a la Guardia en los crímenes significa
un afán por empañar la imagen del general Torrijos?
¿Quería la OEA empañar la imagen de Torrijos
o decir la verdad? Con las trabas impuestas por la dictadura,
era prácticamente imposible en esos tiempos, conocer la
verdad sobre Gallego. Los periodistas o comentaristas radiales
hoy tildan como "novelas" (que por cierto siguen día
a día) lo que los afecta, pero nunca dijeron nada del
"teleculebrón" de "Hoffman" con el
asesinato de Spadafora. Y cuidado que hasta escribieron el guión.
Hoy con un descaro inaudito dicen que las informaciones se manejan
sin responsabilidad. Tengo ganas de pedir una prueba de ADN para
ver si los cuerpos de quienes hoy hablan con tanto civismo, corresponden
a los mismos que ayer defendían al militarismo.
Volviendo al testigo de la Iglesia.
Quien escribe estas líneas supo que existía un
testigo que movió a una duda razonable a las autoridades
de la Iglesia Católica a creer que se trataba de los restos
de Gallego. Como periodista pensé que era legítimo
que la ciudadanía tuviera el derecho a saber lo que ese
testigo dijo y por eso traté de investigar por mi cuenta,
como lo intentaron otros. Antes de publicar busqué todas
las versiones posibles, y aquellos que en algún momento
fueron mencionados en la investigación, tuvieron (todavía
tienen y los espero) antes y después, la oportunidad de
hablar lo que quisieron. En las líneas que escribí
siempre aclaré que se trataban de los presuntos restos,
tal como desde el principio dijo el testigo a la Iglesia, y tal
como esta misma institución reiteró en varias oportunidades.
Ahora pregunto: ¿Se podía hacer eso en dictadura?
¿Los defensores del militarismo que hoy hablan fueron
responsables ocultando y manipulando información como
lo hicieron antes? Ahora bien, con los resultados del ADN (cuyos
detalles esperamos conocer), las esperanzas de saber la verdad
de Gallego se pospusieron pero no se sepultaron. Por otro lado,
los restos hallados en un cuartel militar son tan humanos como
los de Héctor Gallego y ello nos obliga a no dejar caer
el brío de las investigaciones. Pudo ser un hermano, un
vecino, un amigo, y esos crímenes no pueden ser tolerados.
No creo que la duda razonable que se mantuvo flotando en el ambiente
deba ser desestimada tan fácilmente como lo han querido
hacer ver los comentaristas matinales de la radio que ven cualquier
cosa como una conspiración para que los gringos no entreguen
el canal. Por cierto esos mismos loros avalan la Enmienda DeConcini,
a la que todo patriota se debe oponer. Me parece que se pueden
rescatar algunos puntos positivos: 1. Con el hallazgo, Panamá
por fin llegó (con casi diez años de retraso) a
lo que otros países latinoamericanos llegaron apenas se
acabaron las dictaduras militares. Esto es, levantar un clamor
de justicia por los desaparecidos y asesinados del militarismo.
2. Cuando todos creían sepultado el caso Gallego, la aparición
de los restos renovó una esperanza para seguir con la
búsqueda de la verdad, incompletamente presentada con
el juicio y 3. Autoridades judiciales revelaron para muchos,
que con el juicio no termina la búsqueda de la verdad
sobre Gallego. Son tres aspectos que vanamente se hubiesen logrado
en dictadura, por lo que me pregunto: ¿Cómo y con
qué autoridad moral pueden hablar de responsabilidad en
el manejo que se le dio a la información del caso, aquellos
que vendieron sus plumas y se afanaron por defender la tropelías
del militarismo en otros tiempos? Si alguno de esos que habla
por radio se siente aludido con esto, puede invitarme a su cabina
y comenzamos el debate ya.
En lo que a mí concierne,
las expectativas levantadas no deben ser desestimadas. Cambiar
la dirección de la búsqueda, no significa cambiar
su objetivo. Hay que renovar los bríos de esa investigación
y en esa tarea, no voy a desmayar. Y mucho menos haré
caso de esos ecos de la dictadura, tan preocupados por acallar
la verdad. Es problema de ellos si consideran que era una irresponsabilidad
que se reportara en la primera plana de un diario que "estamos
contentos de que haya una nueva esperanza de encontrar sus restos",
como dijo el arzobispo Dimas Cedeño, tras el hallazgo.
También es problema de los alabarderos del militarismo
si creen que es irresponsable reproducir en la portada de un
diario, lo dicho dos días después del hallazgo,
por el Obispo Auxiliar, Fernando Torres. El habló a favor
de retrotraer "a las primeras planas" el asesinato
de Gallego para que sirva de ejemplo para que no se vuelvan a
caer en semejantes atrocidades. Mientras esos siguen hablando,
los que queremos saber la verdad insistiremos en decir: Héctor
Gallego, te seguimos buscando. |
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PORTADA
Lo
que nos ha dicho ahora la prueba del ADN es que no se trata de
los restos de Héctor. Pero esa prueba de ninguna manera
nos podría hacer bajar la guardia en seguir insistiendo
en que se investiguen los crímenes del militarismo, con
su respectiva secuela de desaparecidos y asesinados. |
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