Jueves 28 de octubre de 1999



Héctor Gallego, te seguimos buscando hasta el final

Rafael Pérez Jaramillo
Periodista

Hay "indicios fuertes" que determinan que la osamenta hallada en Tocumen corresponde a la de Héctor Gallego. Me pregunto si los comentaristas radiales afectos a la dictadura, que con tanta pompa hablan hoy del manejo de la información, consideran irresponsable publicar en la primera plana de un diario, la frase que antecede. Si es así se lo deberán decir al arzobispo de Panamá, Monseñor Dimas Cedeño. Cuando el Arzobispo dijo eso, ya habían transcurrido cuatro días desde que también dijo ante los medios, que hacía meses se había presentado una persona revelándole indicios que conducían a creer que posiblemente los restos enterrados en Tocumen correspondían a los de Héctor Gallego. ¿Era una irresponsabilidad publicar esas declaraciones? Claro que no. Pero si algunos papagallos matinales creen que la Iglesia era irresponsable, entonces que lo digan. Pero si no, entonces expliquen cómo pueden censurar el que un periodista se las ingenie para dar con ese testigo y dé a conocer a la ciudadanía lo que él había revelado a la Iglesia. A partir de esa revelación se generó en Panamá una duda razonable. Esto fue lo que mantuvo en vilo durante semanas a la ciudadanía, en espera de confirmar si se trataban o no de los restos del asesinado Héctor Gallego.

La Iglesia Católica, las hermanas del sacerdote, las autoridades judiciales y la población, en general, mantuvieron grandes esperanzas (truncadas décadas atrás, por los militares y sus defensores que hoy hablan en radio) de conocer la verdad en base a un testigo que dijo creer (no asegurar) que se trataba del padre Gallego. Ese testigo confió a la Iglesia Católica un secreto que conllevó a algo que era verdad: Allí había un cuerpo enterrado.

La revelación fue acompañada por una historia, que este servidor como periodista se las agenció para conocer, y por tanto retransmitir a la ciudadanía, que tenía todo el derecho de saberla. ¿Qué hubiera hecho alguno de los periodistas de la dictadura? Lo que siempre hicieron: ocultar la información por un lado, y defender a los criminales por el otro.

Lo que nos ha dicho ahora la prueba del ADN es que no se trata de los restos de Héctor. Pero esa prueba de ninguna manera nos podría hacer bajar la guardia en seguir insistiendo en que se investiguen los crímenes del militarismo, con su respectiva secuela de desaparecidos y asesinados. No hay que bajar la guardia para saber la verdad. La guardia que siempre hubo que bajar para saber la verdad, era la Guardia Nacional. Ningún comentarista radial puede negar que las más altas jefaturas de ese cuerpo armado fueron las responsables, primero de la desaparición de Héctor Gallego, y segundo de que los hechos de tal crimen no se conocieran. Así lo dijo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA en 1978: "El gobierno de Panamá no efectuó una investigación imparcial y exhaustiva" del caso Gallego. Lo que dice la OEA atribuye a Omar Torrijos algo más que una responsabilidad histórica por la desaparición de Héctor Gallego ¿No?. Hay un militar por allí que decía que la responsabilidad estaba en las autoridades civiles de la época. La misma Comisión de la OEA precitada, dijo que el hecho que el gobierno de ese entonces no hubiese practicado una investigación imparcial "pone de manifiesto [...] la subordinación de los funcionarios judiciales y del Ministerio Público a los jefes militares....". ¿No veneraban los comentaristas radiales de hoy a Torrijos como el máximo líder de la revolución y por tanto el mayor jefe militar? Entonces ¿Cómo pueden asegurar que publicar las versiones donde incriminan a la Guardia en los crímenes significa un afán por empañar la imagen del general Torrijos? ¿Quería la OEA empañar la imagen de Torrijos o decir la verdad? Con las trabas impuestas por la dictadura, era prácticamente imposible en esos tiempos, conocer la verdad sobre Gallego. Los periodistas o comentaristas radiales hoy tildan como "novelas" (que por cierto siguen día a día) lo que los afecta, pero nunca dijeron nada del "teleculebrón" de "Hoffman" con el asesinato de Spadafora. Y cuidado que hasta escribieron el guión. Hoy con un descaro inaudito dicen que las informaciones se manejan sin responsabilidad. Tengo ganas de pedir una prueba de ADN para ver si los cuerpos de quienes hoy hablan con tanto civismo, corresponden a los mismos que ayer defendían al militarismo.

Volviendo al testigo de la Iglesia. Quien escribe estas líneas supo que existía un testigo que movió a una duda razonable a las autoridades de la Iglesia Católica a creer que se trataba de los restos de Gallego. Como periodista pensé que era legítimo que la ciudadanía tuviera el derecho a saber lo que ese testigo dijo y por eso traté de investigar por mi cuenta, como lo intentaron otros. Antes de publicar busqué todas las versiones posibles, y aquellos que en algún momento fueron mencionados en la investigación, tuvieron (todavía tienen y los espero) antes y después, la oportunidad de hablar lo que quisieron. En las líneas que escribí siempre aclaré que se trataban de los presuntos restos, tal como desde el principio dijo el testigo a la Iglesia, y tal como esta misma institución reiteró en varias oportunidades. Ahora pregunto: ¿Se podía hacer eso en dictadura? ¿Los defensores del militarismo que hoy hablan fueron responsables ocultando y manipulando información como lo hicieron antes? Ahora bien, con los resultados del ADN (cuyos detalles esperamos conocer), las esperanzas de saber la verdad de Gallego se pospusieron pero no se sepultaron. Por otro lado, los restos hallados en un cuartel militar son tan humanos como los de Héctor Gallego y ello nos obliga a no dejar caer el brío de las investigaciones. Pudo ser un hermano, un vecino, un amigo, y esos crímenes no pueden ser tolerados. No creo que la duda razonable que se mantuvo flotando en el ambiente deba ser desestimada tan fácilmente como lo han querido hacer ver los comentaristas matinales de la radio que ven cualquier cosa como una conspiración para que los gringos no entreguen el canal. Por cierto esos mismos loros avalan la Enmienda DeConcini, a la que todo patriota se debe oponer. Me parece que se pueden rescatar algunos puntos positivos: 1. Con el hallazgo, Panamá por fin llegó (con casi diez años de retraso) a lo que otros países latinoamericanos llegaron apenas se acabaron las dictaduras militares. Esto es, levantar un clamor de justicia por los desaparecidos y asesinados del militarismo. 2. Cuando todos creían sepultado el caso Gallego, la aparición de los restos renovó una esperanza para seguir con la búsqueda de la verdad, incompletamente presentada con el juicio y 3. Autoridades judiciales revelaron para muchos, que con el juicio no termina la búsqueda de la verdad sobre Gallego. Son tres aspectos que vanamente se hubiesen logrado en dictadura, por lo que me pregunto: ¿Cómo y con qué autoridad moral pueden hablar de responsabilidad en el manejo que se le dio a la información del caso, aquellos que vendieron sus plumas y se afanaron por defender la tropelías del militarismo en otros tiempos? Si alguno de esos que habla por radio se siente aludido con esto, puede invitarme a su cabina y comenzamos el debate ya.

En lo que a mí concierne, las expectativas levantadas no deben ser desestimadas. Cambiar la dirección de la búsqueda, no significa cambiar su objetivo. Hay que renovar los bríos de esa investigación y en esa tarea, no voy a desmayar. Y mucho menos haré caso de esos ecos de la dictadura, tan preocupados por acallar la verdad. Es problema de ellos si consideran que era una irresponsabilidad que se reportara en la primera plana de un diario que "estamos contentos de que haya una nueva esperanza de encontrar sus restos", como dijo el arzobispo Dimas Cedeño, tras el hallazgo. También es problema de los alabarderos del militarismo si creen que es irresponsable reproducir en la portada de un diario, lo dicho dos días después del hallazgo, por el Obispo Auxiliar, Fernando Torres. El habló a favor de retrotraer "a las primeras planas" el asesinato de Gallego para que sirva de ejemplo para que no se vuelvan a caer en semejantes atrocidades. Mientras esos siguen hablando, los que queremos saber la verdad insistiremos en decir: Héctor Gallego, te seguimos buscando.



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Lo que nos ha dicho ahora la prueba del ADN es que no se trata de los restos de Héctor. Pero esa prueba de ninguna manera nos podría hacer bajar la guardia en seguir insistiendo en que se investiguen los crímenes del militarismo, con su respectiva secuela de desaparecidos y asesinados.
 

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