Domingo 10 de octubre de 1999


Walker tiene la palabra

Rafael Pérez Jaramillo
El Panamá América

Las nuevas revelaciones del testigo que condujo a la Iglesia Católica hacia los probables restos de Héctor Gallego pulsan, una vez más, la credibilidad de Melbourne Walker.

Como quedó estampado negro sobre blanco en una declaración que reposa en el Tomo I de las sumarias, Walker juró en 1971, que nada sabía acerca de cómplices o encubridores del secuestro. Pero 21 años después se desdijo cuando reveló al padre Guardia que otros participaron en la trama.

El Panamá América ha venido insistiendo en lograr la versión de Walker, por medio de una entrevista, pero su abogado ha hecho saber que de momento ello no sería posible, hasta tanto no se conozcan en propiedad los resultados de la tan esperada prueba del ADN.

No obstante, el letrado admitió hablar acerca de las interrogantes que semanas atrás venía atizando lo concerniente al caso. ¿Por qué hablan Fonseca y los condenados del Tomo XII de las Sumarias como el documento en el que se pueden hallar las pruebas para resolver el caso?

¿Por qué citaron a personas como Edilberto del Cid de los Macho de Monte y luego desistieron tal citación? ¿Por qué dijo Walker en 1971 desconocer más datos del caso y dos décadas más tarde, admitió conocer a otros posibles involucrados en el crimen contra Gallego? ¿Dirá esta vez la verdad? Walker tiene la palabra.

No solo Melbourne Walker podría estar taponando sus secretos. Nombres como el de Ricardo Garibaldo, Moisés Correa, quienes estaban a cargo del Cuartel Los Pumas de Tocumen, podrían estar camino a destapar aquello que por años, muy probablemente han silenciado.

El Panamá América intentó en reiteradas oportunidades conversar con Ricardo Garibaldo, sin éxito. Se logró entablar contacto con Guillermo Wong Guizado quien aclaró no formar parte de la co jefatura de Los Pumas de Tocumen para junio de 1971, y que desde agosto viajó a Francia.

Este rotativo también supo que Aquilino Sieiro mencionó que estuvo atendiendo cursos de la Escuela de las Américas, para las fechas del suceso, mientras que Moisés Correa, quien se menciona como subjefe del Cuartel Los Pumas, habló vía telefónica con El Panamá América, rehusando conversar en ese momento, pero prometiendo entablar contacto posteriormente.

Las nuevas revelaciones formuladas por el testigo clave, embrollan aún más el caso de Walker, cuando asegura haber visto a este subalterno de Noriega, enterrando un cuerpo en Tocumen. El testigo dijo que enterró el cuerpo en compañía de "Palanca" el escolta de Omar Torrijos, general a quien varias veces Walker acompañó a Santa Fe.

Así consta en una declaración jurada de Melbourne Walker, contenida en el Tomo Cuarto de las Sumarias. Este ex miembro del G-2 reveló en esa declaración jurada que cuando "acompañaba" a Torrijos a Santa Fe "eventualmente veía", al sacerdote Héctor Gallego.

La primera reacción ante la revelación del testigo clave que condujo a la Iglesia Católica hacia una osamenta en Tocumen que se presume sea la de Héctor Gallego, fue la del abogado Ramiro Fonseca. "Walker no enterró a nadie", aseguró la noche previa a la publicación.

Guillermo, el hijo de Melbourne Walker, también salió al paso de la versión diciendo que su padre es "inocente". Puso en duda la versión del testigo haciendo ver que si él reconoció a un escolta de Torrijos que ya murió y a su padre ¿por qué no se acuerda de la tercera persona y del centinela?

El testigo clave aclaró en su oportunidad, que sí vio a la tercera persona, pero que desconoce quién es porque no la había visto antes. Por esa razón dice no saber de quién se trata, y en cuanto al centinela, dijo no recordar cuál de ellos estaba cumpliendo turno de vigilancia esa noche.

En reiteradas oportunidades, los acusados han intentado dirigir la atención hacia el tomo 12 de las sumarias instruidas por el crimen contra el sacerdote Héctor Gallego. ¿Qué contiene ese tomo 12 que tanto arguyen?

Ramiro Fonseca, el abogado defensor de Nivaldo Madriñán y Melbourne Walker, respondió en una reciente entrevista que en el expediente contenido en los últimos tomos de prueba se demostraron aspectos clave según una carta que él (Walker) envió al padre Guardia.

Fonseca se refiere a una misiva cursada al sacerdote jesuita en 1992, en la que, según el abogado, se detallaba que el padre Gallego había llegado vivo a Panamá, que fue conducido a una casa próxima a María Inmaculada denominada La Charquita, y que fue visto vivo en ese lugar.

A partir de entonces, dice Fonseca, comenzamos a "introducir una serie de elementos", entre los cuales se menciona que Walker fue contactado por los Macho de Monte, en el Hotel Magnolia en Santiago de Veraguas. Los tres miembros de esta compañía eran Edilberto del Cid, Juan González (difunto) y Flaco Espinoza.

Según citó Fonseca de la carta, siguiendo instrucciones del jefe del G-2, Manuel Antonio Noriega, Walker explicó a los Macho de Monte la ubicación del padre, y luego se retiró a Panamá, donde se demostró que se encontraba el 9 y 10 de junio. Su viaje se confirmó con recibos de Transporte de Veraguas.

Continuando con sus argumentaciones, Fonseca dijo que podría resultar "verídica la información" que apunta a que el padre fue llevado a la Fuerza Aérea de Tocumen, o al Cuartel de los Pumas, y en tal sentido recordó aquello incluido por ellos en el Tomo 12.

Según el abogado se acreditó en la página 4411 del expediente que el jefe del Cuartel de Tocumen, llamado Los Pumas, era Ricardo Garibaldo Figueroa y que existía físicamente como cuartel. De igual forma operaba la Fuerza Aérea comandada por Alberto Purcell.

En ese mismo expediente, según el abogado defensor de Walker, se acreditó que el jefe de los Macho de Monte para la fecha era el capitán Edilberto del Cid, y que el teniente Juan José González Carrasco (hoy difunto) también integraba parte de la compañía Macho de Monte.

Conforme a lo expuesto por el letrado, en la página 4412 del Tomo 12, la fuerza pública remitió una fotografía de Juan González Carrasco, miembro de los Macho de Monte, a quien Walker señala en su nota como uno de los captores del sacerdote colombiano.

Siguió argumentando que cuando se compara esa fotografía fechada por las proximidades de los setenta, con la foto de Walker, incluida en la página 3550 del expediente, se puede determinar la existencia de "rasgos similares" entre uno y otro.

Si durante el juicio Fonseca y los imputados solicitaron la práctica de pruebas testimoniales de militares como Edilberto del Cid, jefe de los Macho de Monte, y otros ¿por qué después desistieron tales testimonios si se supone que conducían a probar quiénes participaron en el secuestro de Gallego? Fonseca admitió que tales citaciones se presentaron. Se remitió a las páginas 4415 y la 4423, del Tomo 12 del expediente, donde se solicitó entre otros testigos a Alexis Watson Castillo, quien nunca acudió a la audiencia, a pesar de que la Fiscalía de Chiriquí lo había notificado. "Pedimos que el Tribunal fuera a Miami para interrogar y tomar declaración a Manuel Antonio Noriega, y la magistrada Delia Carrizo negó la prueba. Citamos a Roberto Díaz Herrera cuando estaba en Venezuela pero la Magistrada negó la prueba", reprochó Fonseca.

También se citó a Edilberto del Cid, a Rodrigo García Ramírez, José Manuel Araúz, de Armando Abel Contreras, Antonio Gaspar Suárez, a Rubén Darío Paredes, a Florencio Flores, algunos de ellos del Estado Mayor vigente en 1971, pero explicó el abogado, que la mayoría no se hallaba en Panamá.

Según Fonseca, Nivaldo Madriñán encaraba una cautelación de bienes por disposición de la DRP, mientras que los gastos para traer y hospedar a sus testigos, rondaban los 9 mil dólares. "No teníamos la solvencia económica para sufragar los gastos", protestó el abogado.

Se le preguntó por qué desistió de la citación de Edilberto del Cid, si residía en Chiriquí y no da la impresión de representar mayores gastos, y a ello respondió que "a través de los familiares de él (porque es pariente de la esposa de Madriñán) había mandado a decir que no iba a declarar".

Como publicamos en otra entrega, sin lograr una versión del emplazado, Melbourne Walker juró en 1971, lo que 21 años más tarde desdijo. Ahora Fonseca en la entrevista, explicó la razón de tal pugna de versiones.

Como se sabe, en 1971 el entonces procurador Olmedo Miranda, tomó una declaración "jurada" a Walker. Su pregunta fue: "¿Diga el declarante si usted ha obtenido alguna información que permita identificar al autor, cómplices o encubridores de la desaparición del sacerdote Héctor Gallego".

Walker, muy lejos de pensar que en 1992 estaría diciendo otra cosa, respondió: "No tengo ninguna información, sólo he oído decir lo que dicen los periódicos y la televisión". Pero en la carta del padre Guardia, cursada en 1992 dijo haber entregado información sobre Gallego a los Macho de Monte.

Inquirido al respecto, el abogado de Walker respondió a esta interrogante: "Te voy a dar la respuesta. En 1971, no se podía hablar".

¿Y ahora?, se le preguntará a Walker cuando se logre concertar la entrevista, que de acuerdo a su abogado Fonseca, no se hará efectiva hasta tanto se conozcan los resultados de la prueba del ADN. Mientras tanto, Walker tiene la palabra.



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El testigo clave aclaró en su oportunidad, que sí vio a la tercera persona, pero que desconoce quién es porque no la había visto antes. Por esa razón dice no saber de quién se trata, y en cuanto al centinela, dijo no recordar cuál de ellos estaba cumpliendo turno de vigilancia esa noche.
 

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