GALERIA DE PINTORES PANAMEÑOS


 

El Mito

Es indudable que a la explicación mítica del mundo, corresponde una visión pre-reflexiva de la realidad. Mito y conocimiento marchan de la mano en la búsqueda de las explicaciones de aquello que rodea y le es extraño al hombre, pero que sobre todo expone una forma de admirarse. Esto hace que todos los pueblos, todas las expresiones culturales, tengan en la raíz de su propia identidad, la relación con el mito.

Pero lo mítico tiene en su comprensión cognositiva, dos vertientes llenas de fantasía: por un lado como conjunto ante lo desconocido, por lo cual se carga de hechizos y ceremoniales presuntuosos que alimentan la imaginación con monstruos y simbologías demoníacas; y por el otro, como recurrente significación del mundo natural, el cual diviniza personajes y enaltece las imágenes. Es en el juego de estas interrelaciones entre el conjuro y la deificación donde radica lo exótico y la belleza propia de los mitos.

A ello se debe que las grandes manifestaciones del arte antiguo y renacentista hayan hecho uso de las creaciones míticas como elementos significantes del arte. El contenido ingenuo y la flexibilidad que ofrece el trabajo de la imaginación constituye un caudal riquísimo que excita la creatividad y sublima el sentido de la obra. De allí que ingenuidad y mito san las raíces naturales del arte así como del conocimiento.

Trujillo encuentra en esa raíz vernacular del mito, en su propia carencia de reflexión y espontaneidad de significados, el motivo, o más bien, las motivaciones necesarias para la creación artística. Extraídas de sus propios orígenes, indígenas o mestizos, estos mitos son la esencia de un proceso de recreación imaginativa en la que el artista imprime su particular visión de lo fantástico.

Simbiología, forma y mito son temas que establecen la compatibilidad entre la tradición y el arte, lo que permite volcarnos a ese mundo presente que nos está vedado por esa carga abrumadora que es la tecnología actual. La captación de esa esencia que hace íntima la comprensión de lo fantástico en el mito - ya como conjuro terrible o como visión demoníaca-, convierte a Trujillo en el espectador que presencia y traduce los rituales chamánicos no accesible a los hombres comunes.

Esa presencia -ficción de la ficción que es la obra de arte-, nos conduce por vía de lo imaginario, a las consideraciones sobre la realidad o irrealidad del arte y de la obra de arte (y esto parece ser el objetivo oculto de Guillermo Trujillo), mediante el preguntarse sobre el ser de la ficción que es la obra, y el ser de la ficción que es el arte. Todo ello condensado en una tercera forma de ser de la ficción, que es en este caso, el mito. Esta obligada remisión hacia lo imaginativo, conduce a un largo camino en el cual encontramos un significado nuevo y profundamente natural al arte.

Todo eso es posible porque, mientras el mito como ficción revivida en el conjuro, se despliega en forma simultánea en distintos planos que ofrecen articulaciones numerosas y complejas (que terminan en la significación como un sistema cerrado, tal como lo señala Levy Strauss), en el arte esas relaciones complejas son establecidas en el lienzo por el artista, como producto de una visión integradora, armónica y estética. En el primer caso se llega a una conclusión simbólica del ritual como una sola unidad, mientras que en el segundo, se hace posible que la totalidad del conjunto vuelva a abrirse a las múltiples apreciciones de la obra. El arte se refiere a la complejidad del mito en la medida que esa expresión natural brinda acceso a ser recreada por la imaginación. Trujillo, conocedor de esta compleja revelación de preceptos, hace del mito el elemento formal, pero alusivo, de la obra. Sin permitir que ésta se estereotipe en la obligatoria unidad cerrada del mito.

 

 

 

 




Ciudad de Panamá
Copyright © 1995-2001 Editora Panamá América, S.A.-EPASA
Todos los Derechos Reservadoservados