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Su Mística
"Ritos
y premoniciones" plantea conjunciones
y disyunciones dentro de la obra plástica de Guillermo
Trujillo de los últimos años. Un reafirmar
motivos, temas, experiencias con el color, así como un
seguimiento a su idea de la comunicación visual. Pero
comienza a aparecer en esta serie, un tratamiento diferente de
la figura, de la naturaleza, y comienzan a plantearse otros enfoques
en distintos niveles.
Así
vemos que después de cierto descubrimiento en primer plano
de la figura humana en su vivencia cotidiana, a que nos tenía
acostumbrados Trujillo en época reciente, ésta
cobra ahora una dimensión más definida.
El
Hombre frente a la Naturaleza adquiere un lugar importante no
sólo como elemento compositivo del cuadro, sino en cuanto
que deviene eje fundamental en la concepción de lo ritual
que asume ahora Trujillo.
En
estos ritos y premoniciones, el artista funde lo puramente mítico
con aquellas actitudes del hombre que también se insertan
en el ámbito ceremonial, fáustico, de celebración,
como es el requiero amoroso o la fiesta de la unión complaciente
de los cuerpos. En la variante que ahora presenta Trujillo, cuerpo
y naturaleza se van convirtiendo, en algunos casos, en una unidad
plástica, apoyada además por la gama cromática
utilizada. Aquí la vegetación se instaura como
parte del ritual de la vida, aunque aquélla cede a la
irrupción de la figura humana. Ello es fácilmente
observable en cuadros como "El ofertor", "Adán
y Eva" y "Requiebros". Por otra parte,
en algunas obras, en un segundo plano, y como parte del ritual,
se deja sentir la presencia de los nuchus ceremoniales: testigos
atentos al decurso de lo que acontece.
En
varias de las obras donde Trujillo hace alusión a esos
ritos y mitos vernaculares ("Visitantes del jardín",
"El cadejo", "El pueblo", "Los
señores"), la atmósfera es enriquecida
con un trasfondo finamente elaborado y cargado de sugerencias
anímicas, retomado de algunas técnicas de coloración
utilizada en la cerámica de Parita. Este "rayismo"
es utilizado hábilmente por Trujillo para crear una rica
perspectiva visual. Por otra parte, en muchas de estas obras
la superposición de tonos busca despegar del fondo, la
imagen que aparece en primer plano, otorgándole una profundidad
dinámica no sólo desde el punto de vista de la
forma, sino de la idea que busca transmitirnos.
Estos
planteamientos cromáticos son apoyados por la utilización
de veladuras logrando planos plásticamente enriquecidos.
En
otros casos como en "Ilustraciones para un cantoral congo",
Trujillo incursiona en otra temática y otra visión
del mundo, donde el amor y la sensualidad es expresión
del contenido de la obra de arte. De esta forma lo ritual, lo
mágico, lo amoroso, constituyen una unidad en el momento
de ser asumido como elemento de la expresión estética:
los entrelaza para ofrecer diversas expresiones de lo que ocurre
en el mundo de la imaginación.
Al
observar con atención todo este conjunto de obras del
maestro Guillermo Trujillo, las premoniciones no aluden sólo
a los personajes que nos atisban desde el cuadro. Son premoniciones
que tienen que ver con un cambio que ha de darse en la forma
de resolver su obra. Trujillo deja vagar libremente su imaginación
por el paisaje, por las formas del cuerpo, por la mirada de sus
personajes, y por los colores, para restituirnos un mundo que
también exige de nosotros la libertad para crear nuestros
propios ritos y fantasmas. |

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